La ofensiva mexicana contra el fentanilo se convirtió en uno de los ejes centrales de la relación con Estados Unidos en el nuevo ciclo político regional. La magnitud de la crisis de opioides en el norte obligó a que el tema dejara de ser un asunto técnico de seguridad para transformarse en un factor estructural de la diplomacia bilateral, con impacto directo en comercio, migración y cooperación militar.
En este escenario, México dejó atrás una estrategia defensiva y optó por una narrativa de acción coordinada, buscando mostrar resultados tangibles. El mensaje hacia Washington fue claro: la lucha contra el fentanilo no se limita a la contención fronteriza, sino que apunta a desarticular las cadenas completas de producción y distribución, aun a costa de tensiones internas y riesgos políticos.
La llamada Operación Frontera Norte marcó un quiebre en la forma en que el Estado mexicano enfrenta al crimen organizado. A diferencia de enfoques previos, el despliegue priorizó inteligencia, ataques selectivos y coordinación interinstitucional, desplazando la lógica de presencia militar simbólica. El objetivo fue reducir la capacidad operativa de los cárteles, más que acumular detenciones de bajo impacto.
Esta estrategia implicó un uso intensivo de información compartida con agencias estadounidenses, así como una mayor centralización de decisiones en el gabinete de seguridad. La destrucción de laboratorios, las incautaciones de precursores y la extradición de figuras clave fueron presentadas como pruebas de una política orientada a resultados medibles, en un contexto donde la credibilidad internacional de México estaba en juego.
Sabes como se produce este “efecto zombi” del fentanilo tiene que ver con cómo afecta simultáneamente al cerebro y a los músculos, la sustancia tiene preferencia por los receptores a nivel del cuello , torax y abdomen ( efecto 2ario que puede pasar en cirugía, torax en leño) + pic.twitter.com/G5mB5iK0EC
— Julieta Sagnay Dra 🇪🇨 (@JulietaSagnay) August 11, 2025
Pese a los avances reportados, la ofensiva no está exenta de costos. El reacomodo de las organizaciones criminales, la posibilidad de desplazamiento de rutas y el aumento de violencia local plantean interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo. Además, persiste el debate sobre si la reducción del flujo de fentanilo responde a la presión mexicana o a dinámicas internas del mercado estadounidense, como cambios en consumo y políticas de salud pública.
A las élites les encanta vender drogas para destruir la sociedad estadounidense.
— 🌐EL GRAN DESPERTAR🌐 (@destapandolose1) August 9, 2025
El fentanilo, 100 veces más potente que la morfina, mata a 200 personas al día en EE. UU....🎯 pic.twitter.com/CCnaqpjTed
A mediano plazo, la cruzada contra el fentanilo redefine el rol de México como actor de seguridad regional. El país se posiciona como socio indispensable para Washington, pero también asume una carga política y operativa significativa. El desafío será evitar que esta cooperación derive en subordinación estratégica y lograr que los resultados en seguridad se traduzcan en mayor estabilidad interna y margen de autonomía diplomática.