La intensificación de las lluvias volvió a colocar la limpieza urbana en el centro de la agenda municipal de Costa Rica, en el estado brasileño de Mato Grosso do Sul. El crecimiento acelerado de la vegetación en veredas, plazas y terrenos públicos comenzó a generar problemas de visibilidad, circulación y salubridad, obligando a la administración local a reforzar su esquema operativo habitual.
Frente a ese escenario, el municipio activó una estrategia de intervención más amplia, orientada a garantizar orden urbano y prevención de riesgos en distintos barrios. La medida se inscribe en un patrón recurrente de gestión durante la temporada lluviosa, cuando la falta de mantenimiento puede derivar en focos de deterioro ambiental y conflictos cotidianos para los vecinos.
La fuerza‑tarea desplegada por la municipalidad articula recursos humanos y logísticos de la Secretaría de Administración, Finanzas, Planeamiento, Recaudación y Control, con un esquema de trabajo concentrado en áreas públicas críticas. El operativo prioriza avenidas, espacios de circulación intensa y zonas donde el crecimiento del pasto compromete la seguridad vial y peatonal.
Según explicaron autoridades locales, el objetivo no se limita a una limpieza estética, sino a una intervención preventiva frente a la proliferación de insectos y animales ponzoñosos, un fenómeno asociado directamente a la combinación de calor y humedad. En ese marco, la roçada aparece como una herramienta básica de salud urbana y control ambiental.

Desde el Ejecutivo municipal subrayan que la eficacia del operativo depende también de la corresponsabilidad de los propietarios privados, a quienes se insta a mantener limpios sus terrenos y frentes de vivienda. La acumulación de vegetación en lotes particulares suele neutralizar los efectos de la intervención pública y multiplicar los riesgos sanitarios.

Con lluvias persistentes previstas para las próximas semanas, la administración anticipa que las tareas de roçada continuarán de manera sostenida. El desafío, reconocen, no es solo contener el crecimiento del pasto, sino sostener una lógica de mantenimiento urbano permanente, capaz de prevenir problemas estructurales y mejorar la calidad de vida en el espacio público.