La advertencia de Donald Trump sobre bloquear el flujo de petróleo hacia Cuba no surge en el vacío. Llega en un momento en que la isla enfrenta una combinación crítica de apagones prolongados, deterioro de infraestructura y una economía debilitada por años de restricciones externas y problemas internos. El petróleo no solo alimenta el transporte y la industria, sino que sostiene buena parte del sistema eléctrico, especialmente en las provincias, donde los cortes son más frecuentes y prolongados.
En este contexto, la amenaza estadounidense actúa como un acelerador de una crisis latente. Cuba ya opera con márgenes mínimos de generación energética y con una red de centrales térmicas envejecidas, sometidas a paradas técnicas constantes. Cualquier interrupción adicional en el suministro de combustible tiene un impacto inmediato en la vida cotidiana, desde el funcionamiento de hospitales hasta la producción de alimentos y el acceso al agua potable.
Durante más de dos décadas, la alianza con Venezuela permitió a Cuba asegurar un flujo relativamente estable de crudo, en condiciones financieras favorables. Esa relación se convirtió en un pilar del modelo energético cubano, reduciendo la necesidad de acudir al mercado internacional. Hoy, sin embargo, la caída de la producción venezolana y el cerco diplomático de Estados Unidos han debilitado ese esquema, dejando a La Habana con escasas alternativas reales.
La presión de Washington apunta precisamente a ese punto vulnerable. Al limitar la capacidad de Caracas para exportar petróleo a la isla y advertir a terceros países, la Casa Blanca busca elevar el costo político y económico de la resistencia cubana. El mensaje es claro: sin concesiones, el acceso a energía será cada vez más incierto, y con ello se multiplicarán los efectos sobre la economía doméstica y la estabilidad social.
🇺🇸🇨🇺 | #URGENTE Donald Trump: “Cuba está a punto de caer. Parece estar a punto de caer. No creo que puedan aguantar, todos sus ingresos provenían de Venezuela. Literalmente creo que va a caer”. pic.twitter.com/kJCNOTRbgW
— La Derecha Diario (@laderechadiario) January 5, 2026
Las consecuencias potenciales van más allá del sector energético. Un agravamiento de los apagones puede profundizar la recesión, reducir aún más la producción y aumentar el malestar social en un país donde el margen de maniobra estatal es limitado. En ese escenario, la migración se convierte en válvula de escape, con impacto directo en los países vecinos y, en última instancia, en Estados Unidos.

Al mismo tiempo, la ofensiva energética introduce un nuevo foco de tensión geopolítica en América Latina. Actores como México o Rusia observan con atención el desarrollo de los acontecimientos, conscientes de que el uso del suministro energético como herramienta de presión sienta un precedente. Para Cuba, la disyuntiva es clara: resistir con costos crecientes o buscar un reacomodamiento estratégico en un tablero cada vez más adverso.