Por primera vez en la historia reciente del conurbano bonaerense, una intendente utilizó recursos municipales, maquinaria y personal para operar políticamente en el territorio de otro jefe comunal. El episodio ocurrió en el límite entre Moreno y General Rodríguez y dejó al desnudo una interna feroz dentro del peronismo kirchnerista que ya ni siquiera se disimula.
El conflicto tiene protagonistas claros: la intendenta de Moreno, Mariel Fernández, y el intendente de General Rodríguez, Mauro García, ambos surgidos del Movimiento Evita pero hoy enfrentados en bandos opuestos. La operación territorial estuvo encabezada por María Giménez, secretaria de Obras Públicas de Moreno y cuñada de Fernández, que desde hace meses trabaja para instalar su candidatura en Rodríguez utilizando recursos públicos de otro distrito.
Según publicó el portal local La Posta de General Rodríguez —que además difundió los videos del operativo—, durante el último fin de semana ingresó una caravana de vehículos, camiones y maquinaria pesada desde Moreno hacia la zona conocida como “La Frontera”, con la intención de realizar trabajos de bacheo y mejoras urbanas en barrios de Rodríguez. No era la primera vez, pero sí la más visible y masiva.
La respuesta de García fue ordenar un operativo de control junto a fuerzas de tránsito y policía municipal. El resultado: vehículos secuestrados, falta de documentación, conductores sin habilitación y maquinaria retenida en un predio municipal sobre Ruta 24. Pero la tensión escaló aún más cuando, según testigos, llegó un grupo desde Moreno y retiró por la fuerza parte de los vehículos incautados. “Eran quince contra cuatro”, relataron trabajadores del depósito.
La escena terminó de desbordarse con una persecución sobre la Ruta 24 que concluyó en un choque entre un camión y un vehículo perseguidor. Una postal que parecía sacada de una película, pero ocurrió en pleno oeste bonaerense y con recursos públicos involucrados.
Detrás del episodio hay una trama política más profunda. María Giménez busca posicionarse como candidata a intendenta de General Rodríguez para desplazar a García, su ex aliado. Y lo hace con el respaldo directo de Mariel Fernández, en una jugada que muchos en el peronismo ya califican directamente como “ocupación política de territorio ajeno”.
Lo llamativo es el silencio posterior. A pesar de tener registros fílmicos, actas de secuestro y testigos, García aún no presentó denuncia judicial. La explicación que circula en su entorno es todavía más grave: estarían esperando “autorización de la conducción política”. ¿De quién? De Máximo Kirchner y Facundo Tignanelli.
El dato no es menor. La Cámpora rompió relaciones con Mariel Fernández meses atrás, luego de que su espacio quedara relegado en el armado de listas legislativas. La fractura interna ya no es ideológica: es pura disputa de poder territorial, sin conducción clara y con reglas cada vez más laxas.
En ese contexto, viejas máximas del peronismo como la lealtad, la organicidad y la conducción centralizada quedaron reducidas a consignas vacías. Donde antes había disciplina política, hoy hay operaciones cruzadas, uso discrecional del Estado y conflictos que rozan lo judicial.
Lo ocurrido entre Moreno y General Rodríguez no es un hecho aislado, sino una señal concreta del momento que atraviesa el peronismo bonaerense: ausencia de liderazgo claro, fragmentación interna y competencia sin límites entre dirigentes que hasta hace poco compartían estructura y conducción.
La disputa entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner por el control del PJ bonaerense, sumada a la proliferación de micro espacios sin coordinación real, está generando un escenario donde cada intendente juega su propio partido. El resultado: territorios liberados para operaciones internas, uso político de recursos públicos y un sistema de poder que empieza a desordenarse desde abajo hacia arriba.