El Gobierno entró en modo definición. Tras oficializar el llamado a sesiones extraordinarias, en el entorno del presidente Javier Milei transmiten un optimismo casi desafiante sobre la aprobación de la reforma laboral, uno de los proyectos estructurales del programa libertario.
Según admiten altas fuentes con acceso al despacho presidencial, el oficialismo da por descontado que cuenta con los votos necesarios para avanzar con la sanción del proyecto, previsto para tratarse entre el 10 y el 11 de febrero. “No veo por qué los aliados no nos acompañarían. Todos se benefician con la reforma laboral”, deslizó sin matices un operador de peso de La Libertad Avanza.
Puertas adentro, el mensaje es doble: confianza hacia afuera y disciplina interna hacia adentro. Si bien en Casa Rosada aseguran que el texto no sufrirá cambios de fondo, admiten que podrían aceptar modificaciones siempre que no alteren “el espíritu de la norma”, una señal de flexibilidad táctica ante eventuales pedidos de bloques dialoguistas.
La mesa chica del oficialismo se reunió el viernes pasado para ordenar la estrategia parlamentaria y distribuir tareas entre los principales alfiles libertarios. El objetivo es claro: evitar sorpresas y asegurar una mayoría que permita mostrar músculo político en pleno período de extraordinarias.
En esa línea, Patricia Bullrich, exministra de Seguridad y actual jefa de bloque de La Libertad Avanza en el Senado, impulsó la creación de una comisión de trabajo encabezada por la abogada laboralista Josefina Tajes, con la intención de canalizar sugerencias de sectores involucrados y descomprimir tensiones sin tocar el núcleo duro de la iniciativa.
En paralelo, el ministro del Interior, Diego Santilli, recorre las provincias con una lógica más pragmática: sumar respaldos a cambio de gestos políticos. Sin embargo, en Casa Rosada niegan de plano cualquier tipo de negociación explícita con gobernadores que reclaman cambios en el capítulo tributario del proyecto elaborado por el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger.
“La compensación va a surgir del crecimiento que va a generar la reforma, tanto en recursos propios como en coparticipación”, sostienen desde el corazón del poder, en un mensaje que combina convicción ideológica y presión política.
La apuesta es alta. Para Milei, la Reforma Laboral no es solo una ley más: es una prueba de autoridad frente al Congreso y un test clave de gobernabilidad frente a sus propios aliados. Y en Balcarce 50 creen que, esta vez, el número cierra.