La pregunta sobre si Venezuela atraviesa una transición política volvió al centro del debate tras la salida de Nicolás Maduro y la instalación de un nuevo esquema de poder. La palabra transición se repite en discursos oficiales, análisis internacionales y conversaciones cotidianas, cargada de expectativas acumuladas durante más de una década de crisis. Sin embargo, el uso extendido del término no implica consenso sobre su contenido ni sobre la dirección real del proceso. Para muchos observadores, el país se encuentra en un momento excepcional, pero todavía indefinido.
El escenario actual combina señales de apertura con continuidades estructurales que dificultan una lectura lineal del cambio. La liberación de presos, el reordenamiento del liderazgo y ciertos gestos hacia actores internacionales conviven con un sistema institucional frágil y con una sociedad marcada por el desgaste. En ese contexto, la discusión no gira solo en torno a si hay cambios, sino a qué tipo de cambios están en marcha y quiénes controlan su ritmo y alcance.
Uno de los elementos centrales del momento venezolano es el carácter negociado del nuevo equilibrio de poder. La reconfiguración del liderazgo no surge de un proceso electoral competitivo ni de una ruptura institucional, sino de un acuerdo implícito entre élites internas y actores externos interesados en estabilizar el país. Esta dinámica refuerza la idea de un reacomodo antes que de una transición clásica, donde las reglas del sistema se redefinen desde abajo o mediante pactos ampliamente inclusivos.
En paralelo, el rol de Estados Unidos y de otros actores internacionales resulta determinante. Las señales de flexibilización de sanciones y el respaldo condicionado a ciertos gestos políticos sugieren que la gobernabilidad actual depende, en buena medida, de factores externos. Esta dependencia introduce un límite estructural: el proceso parece orientado a reducir tensiones y garantizar estabilidad, más que a promover transformaciones profundas en materia de pluralismo, justicia independiente y libertades políticas.
Delcy Rodríguez: "Lo que en el pasado eran las riquezas para las oligarquías, hoy es la riqueza para el pueblo venezolano"
— Emmanuel Rincón (@EmmaRincon) January 20, 2026
Pregunta @delcyrodriguezv, ¿cuál es la oligarquía que se robó las riquezas de Venezuela los últimos 26 años?pic.twitter.com/5b845VJOQi
Desde la sociedad civil y los sectores opositores, el momento es leído con una mezcla de cautela y escepticismo. La fragmentación política, la debilidad organizativa y la falta de garantías plenas dificultan la construcción de una alternativa capaz de incidir de manera decisiva en el rumbo del país. En este contexto, los avances se perciben como parciales y reversibles, sujetos a la voluntad del poder y no a reglas institucionales consolidadas.
This is the picture that the LYING and CORRUPT New York Times took of the Venezuelan Narco-Terrorist Delcy Rodriguez.
— Daniel Di Martino 🇺🇸🇻🇪 (@DanielDiMartino) December 5, 2025
The title: "The Moderate"
Their description of her: Cosmopolitan, moderate, conservative.
These are all LIES.
BELOW READ WHO IS THE TRUE DELCY RODRIGUEZ ⬇️ pic.twitter.com/tiOjpH28WG
Así, más que una transición cerrada o irreversible, Venezuela parece transitar un período de ambigüedad controlada, donde conviven expectativas de cambio y mecanismos de continuidad. El desenlace dependerá de si los gestos actuales derivan en reformas estructurales o quedan limitados a un ajuste funcional del sistema. Por ahora, el proceso permanece abierto, sin garantías de democratización plena ni señales claras de ruptura con el modelo que marcó los últimos años.