27/01/2026 - Edición Nº1085

Internacionales

Transición

Delcy Rodríguez mueve las fichas en Venezuela: qué se negocia con Estados Unidos

20/01/2026 | Los gestos del nuevo gobierno abren expectativas, pero los límites institucionales y políticos mantienen el proceso en disputa.



La pregunta sobre si Venezuela atraviesa una transición política volvió al centro del debate tras la salida de Nicolás Maduro y la instalación de un nuevo esquema de poder. La palabra transición se repite en discursos oficiales, análisis internacionales y conversaciones cotidianas, cargada de expectativas acumuladas durante más de una década de crisis. Sin embargo, el uso extendido del término no implica consenso sobre su contenido ni sobre la dirección real del proceso. Para muchos observadores, el país se encuentra en un momento excepcional, pero todavía indefinido.

El escenario actual combina señales de apertura con continuidades estructurales que dificultan una lectura lineal del cambio. La liberación de presos, el reordenamiento del liderazgo y ciertos gestos hacia actores internacionales conviven con un sistema institucional frágil y con una sociedad marcada por el desgaste. En ese contexto, la discusión no gira solo en torno a si hay cambios, sino a qué tipo de cambios están en marcha y quiénes controlan su ritmo y alcance.

Venezuela 


Venezuela es un país de la costa norte de América del Sur, con diversas atracciones naturales. A lo largo de su costa en el Caribe, hay islas turísticas tropicales, entre ellas la Isla de Margarita y el archipiélago Los Roques. Al noroeste está la cordillera de los Andes y la ciudad colonial de Mérida, una base para visitar el Parque Nacional de la Sierra Nevada.

Reacomodo político bajo presión externa

Uno de los elementos centrales del momento venezolano es el carácter negociado del nuevo equilibrio de poder. La reconfiguración del liderazgo no surge de un proceso electoral competitivo ni de una ruptura institucional, sino de un acuerdo implícito entre élites internas y actores externos interesados en estabilizar el país. Esta dinámica refuerza la idea de un reacomodo antes que de una transición clásica, donde las reglas del sistema se redefinen desde abajo o mediante pactos ampliamente inclusivos.

En paralelo, el rol de Estados Unidos y de otros actores internacionales resulta determinante. Las señales de flexibilización de sanciones y el respaldo condicionado a ciertos gestos políticos sugieren que la gobernabilidad actual depende, en buena medida, de factores externos. Esta dependencia introduce un límite estructural: el proceso parece orientado a reducir tensiones y garantizar estabilidad, más que a promover transformaciones profundas en materia de pluralismo, justicia independiente y libertades políticas.

El horizonte incierto del proceso

Desde la sociedad civil y los sectores opositores, el momento es leído con una mezcla de cautela y escepticismo. La fragmentación política, la debilidad organizativa y la falta de garantías plenas dificultan la construcción de una alternativa capaz de incidir de manera decisiva en el rumbo del país. En este contexto, los avances se perciben como parciales y reversibles, sujetos a la voluntad del poder y no a reglas institucionales consolidadas.

Así, más que una transición cerrada o irreversible, Venezuela parece transitar un período de ambigüedad controlada, donde conviven expectativas de cambio y mecanismos de continuidad. El desenlace dependerá de si los gestos actuales derivan en reformas estructurales o quedan limitados a un ajuste funcional del sistema. Por ahora, el proceso permanece abierto, sin garantías de democratización plena ni señales claras de ruptura con el modelo que marcó los últimos años.

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