21/01/2026 - Edición Nº1079

Política

21 de enero del 2016

A 10 años del escándalo por el despacho de Máximo Kirchner: la guerra K contra Monzó

21/01/2026 | En el inicio del gobierno de Mauricio Macri, el kirchnerismo duro denunció que el despacho de Máximo Kirchner había sido "usurpado".



Hace exactamente diez años, la Cámara de Diputados fue escenario de un fuerte escándalo político e institucional a raíz de la clausura del despacho del entonces diputado nacional Máximo Kirchner, una decisión ordenada por el presidente del cuerpo, Emilio Monzó, que derivó en una dura confrontación entre el kirchnerismo y las nuevas autoridades parlamentarias surgidas tras el triunfo de Mauricio Macri.

El episodio, que tuvo amplia repercusión política y mediática, se convirtió en uno de los primeros focos de conflicto abierto entre el Frente para la Victoria (FPV) y el oficialismo de aquel momento, y expuso las tensiones por el control de espacios y poder dentro del Congreso.

La clausura del despacho y la denuncia del kirchnerismo

El conflicto estalló cuando el despacho 340, ubicado en el tercer piso del Palacio Legislativo, amaneció con una faja de clausura que impedía el ingreso del personal que realizaba tareas de refacción. Según denunció el diputado Andrés “Cuervo” Larroque, durante la noche previa también se había cambiado la cerradura de la oficina, en la que aún permanecían pertenencias personales y de trabajo de Máximo Kirchner.

“Es muy grave porque es el despacho de un diputado nacional electo por el voto popular y es una violación al lugar de trabajo”, sostuvo Larroque ante los medios. Y agregó que “a las 23.55 fue cambiada la cerradura de la oficina de Máximo Kirchner y le pusieron una faja de clausura. No sabemos por qué Monzó decidió usurpar la oficina que le corresponde a Máximo”.

Desde el bloque del FPV denunciaron además un “ingreso ilegal” al despacho y señalaron que se dispuso personal de seguridad del Congreso en los accesos para impedir el ingreso de los empleados del legislador. También remarcaron que Máximo Kirchner había tomado posesión formal de la oficina al asumir su banca, el 10 de diciembre, y que ese acto constaba en los registros internos de la Cámara.

El valor simbólico y político del despacho en disputa

El despacho en cuestión tenía un fuerte peso simbólico dentro del peronismo. Históricamente había sido ocupado por José María Díaz Bancalari y era considerado uno de los más amplios y cómodos del tercer piso, un sector dominado casi en exclusividad por legisladores kirchneristas.

En esa misma planta funcionaban, entre otros, los despachos de Eduardo “Wado” de Pedro, Juliana Di Tullio, la oficina principal del bloque del FPV y la secretaría parlamentaria a cargo de Teresa García.

En medio de ese esquema, el despacho ya había sido motivo de una disputa previa. El ex ministro de Planificación Julio De Vido había manifestado su interés en ocuparlo, pero el tironeo interno terminó favoreciendo a Máximo Kirchner, mientras que De Vido pasó a una oficina más pequeña en el edificio Anexo.

La postura de Emilio Monzó y la redistribución de oficinas

Frente a las acusaciones, Emilio Monzó negó que el despacho perteneciera al diputado santacruceño. En declaraciones periodísticas, sostuvo que la oficina 340 “nunca fue de Máximo, nunca lo ocupó y estaba vacío”. Además, explicó que la decisión se enmarcaba en un proceso más amplio de reorganización interna.

La decisión no es solamente por este despacho sino por todos, porque deben ser redistribuidos en función del resultado electoral”, afirmó Monzó, dejando abierta la posibilidad de que la oficina quedara en manos de alguna autoridad de la Cámara, como los vicepresidentes José Luis Gioja o Felipe Solá.

Acusaciones de gravedad institucional

Desde el kirchnerismo, el episodio fue leído como una provocación política. Larroque sostuvo que “esto es muy grave, es muy grave la prepotencia con que se manejan” y lo vinculó a “una serie de episodios graves que vienen ocurriendo en la Argentina”.

En la misma línea, Wado de Pedro advirtió que no habían recibido ninguna explicación oficial ni extraoficial sobre la clausura del despacho y alertó: “No sabemos si sacaron información personal o de trabajo de Máximo”. Además, remarcó el carácter inviolable de las oficinas legislativas: “Hay confidencialidad, hay fueros, la oficina de un diputado es inviolable hasta por un juez. Es como hacer un allanamiento sin autorización”.

Por su parte, Julio De Vido calificó lo ocurrido como “aberrante y una ilegítima ocupación” y advirtió que el episodio ponía en riesgo la seguridad del resto de los despachos parlamentarios.

La reacción de Máximo Kirchner

Luego, el propio Máximo Kirchner buscó bajarle el tono personal al conflicto, aunque mantuvo las críticas políticas. Definió el episodio como algo “de mal gusto, propio de los tiempos que vive la República Argentina” y acusó a Monzó de actuar por “una revancha personal”.

Según sostuvo entonces el diputado por Santa Cruz, la reasignación del despacho respondía a un resentimiento del titular de la Cámara por su salida del gobierno bonaerense en 2009. “Es una revancha personal del propio Monzó, que cree que fue Néstor Kirchner el que lo echó, y fue Scioli porque no estaba conforme con su gestión”, afirmó.