22/01/2026 - Edición Nº1080

Internacionales

Vigilancia

Espionaje en el gabinete de Gustavo Petro: qué reveló Idárraga sobre Pegasus y el Estado

21/01/2026 | La acusación de espionaje reabre viejas grietas sobre el control de la inteligencia y la opacidad tecnológica del Estado.



La denuncia del ministro de Justicia encargado, Andrés Idárraga, no aparece en el vacío. Llega en un momento de desconfianza acumulada hacia los organismos de inteligencia y en medio de una administración que prometió romper con las prácticas del pasado. El solo hecho de que un alto funcionario del Ejecutivo afirme haber sido espiado desde dentro del Estado vuelve a instalar una pregunta incómoda: quién vigila a quién cuando el poder político y la inteligencia se superponen.

El impacto inicial fue político antes que judicial. La revelación tensionó al gabinete, expuso diferencias internas y obligó al Gobierno a reaccionar con comunicados defensivos. Más allá de la veracidad técnica de la denuncia, el episodio dejó al descubierto la fragilidad de los controles civiles sobre herramientas de vigilancia altamente intrusivas, un problema estructural que Colombia arrastra desde hace más de una década.

Colombia 


Colombia es un país del extremo norte de Sudamérica. Su paisaje cuenta con bosques tropicales, las montañas de los Andes y varias plantaciones de café.

La arquitectura opaca de la vigilancia

El caso Pegasus vuelve a mostrar cómo las tecnologías de espionaje operan en una zona gris institucional, donde la trazabilidad de las órdenes y la custodia de los sistemas resultan difíciles de auditar. Aun cuando existan marcos legales, la capacidad real de verificar quién activa estos mecanismos y con qué fines sigue siendo limitada. En ese vacío prosperan las sospechas y las disputas políticas.

La negación tajante del Ministerio de Defensa no cerró el debate, sino que lo amplificó. Si el Estado no posee Pegasus, surge la duda sobre actores paralelos con acceso a capacidades equivalentes; si lo posee pero no lo reconoce, el problema es aún mayor. En ambos escenarios, la discusión deja de ser coyuntural y se transforma en una alerta sobre la captura política de la inteligencia.

Una herida abierta en la gobernabilidad

El episodio se inscribe en una secuencia más amplia de denuncias previas, investigaciones inconclusas y silencios administrativos. Pegasus funciona aquí como símbolo de algo más profundo: la incapacidad estatal para cerrar definitivamente el ciclo de las interceptaciones ilegales. Cada nuevo caso reactiva memorias de abusos pasados y erosiona la credibilidad de las promesas de reforma.

El desenlace del caso será determinante, no solo en términos judiciales, sino para la estabilidad política. Si se comprueba la intrusión, el Gobierno enfrentará una crisis de legitimidad interna; si no se comprueba, quedará expuesta la debilidad de los mecanismos de verificación técnica. En ambos escenarios, la conclusión es inquietante: la inteligencia sigue siendo un poder difícil de domesticar dentro de la democracia colombiana.