27/01/2026 - Edición Nº1085

Sociedad


Regulador biológico

Día Internacional del Abrazo: el origen de la fecha y por qué nuestro cuerpo necesita este contacto

21/01/2026 | Nacida en los años 80 para romper con la frialdad social, esta efeméride resalta los beneficios científicos de un gesto que regula la presión arterial y combate el "hambre de piel".



Cada 21 de enero, el calendario global nos invita a detenernos para redescubrir el valor del contacto humano. El Día Internacional del Abrazo tiene su origen en 1986, gracias a la iniciativa de Kevin Zaborney, un psicólogo de la Universidad de Michigan, Estados Unidos. Motivado por la creciente falta de muestras de afecto que percibía en la sociedad -incluso dentro del núcleo familiar-, Zaborney propuso esta fecha con la misión de normalizar la expresión emocional y el apoyo mutuo en los espacios públicos, entendiendo que el afecto es una pieza clave para el equilibrio de cualquier comunidad.

Más allá del simbolismo romántico o familiar, el abrazo funciona como un potente regulador biológico. Al fundirnos en este gesto, el cerebro activa la segregación de dopamina y serotonina, neurotransmisores responsables de la sensación de placer y calma que reducen de inmediato los niveles de estrés. Esta respuesta química no solo nos permite funcionar de mejor manera en la cotidianeidad, manteniéndonos más felices y centrados, sino que también actúa como una cura natural contra la timidez, permitiendo que las personas más reservadas desarrollen confianza, espontaneidad y seguridad en sí mismas.

Los beneficios físicos son igualmente contundentes. La ciencia ha demostrado que las personas que reciben abrazos de manera frecuente mantienen una frecuencia cardíaca y una presión arterial más estables en comparación con quienes carecen de contacto físico. Además, este intercambio de energía recarga nuestro sistema inmunológico y ayuda a equilibrar el sistema nervioso en momentos de alteración. Es, en esencia, una forma de comunicación no verbal que logra transmitir apoyo, disminuir el dolor y disipar la tristeza sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Finalmente, el impacto psicológico del abrazo se vincula directamente con la supervivencia emocional. Según expertos en la materia, una persona requiere una dosis diaria de afecto para sentirse plenamente querida, de lo contrario, puede experimentar lo que en psicología se denomina "hambre de piel", una carencia de contacto humano que afecta la autoestima. Al abrazar, no solo cubrimos esa necesidad afectiva básica y aportamos seguridad al otro, sino que también aprendemos a regular nuestras propias emociones, reafirmando que el contacto físico es, quizás, la medicina más sencilla y efectiva para el bienestar integral.