Después de doce años consecutivos en el Senado, Alfredo De Angeli quedó fuera del Congreso y eligió un perfil bajo en su campo entrerriano para procesar su próxima jugada política. Lejos del ruido porteño, el dirigente trabaja en una estrategia que combina reubicación personal y reconstrucción partidaria dentro de un PRO golpeado, fragmentado y con fuga de dirigentes hacia La Libertad Avanza.
Su historia política tiene hitos claros: visibilidad pública durante el conflicto por las papeleras, proyección nacional en la pelea contra la Resolución 125, llegada al Senado en 2013, candidatura a gobernador en 2015 (derrota ajustada ante Gustavo Bordet) y consolidación legislativa hasta convertirse en jefe del bloque macrista tras la salida de Luis Juez. Hoy, ese ciclo está cerrado.
Lejos de explorar un salto inmediato hacia el oficialismo libertario, De Angeli decidió quedarse en el PRO. No por comodidad, sino por cálculo. Considera que el partido fundado por Mauricio Macri aún puede reconstruirse como opción competitiva y que 2027 será una elección donde el sello amarillo deberá tener candidato propio, aunque hoy esa hipótesis parezca lejana.
En esa reconstrucción, el exsenador quiere tener protagonismo territorial. Su idea es recorrer provincias, fortalecer dirigentes locales y apuntalar estructuras que quedaron debilitadas por la diáspora política y el corrimiento del electorado hacia Javier Milei. El objetivo no es testimonial: es reposicionar al PRO como actor real del próximo turno presidencial, legislativo y de gobernadores.
El problema es que la política real no se juega solo en los papeles partidarios. Se juega también en los vínculos de poder. Y ahí aparece la relación tirante con Rogelio Frigerio. En el entorno del gobernador entrerriano lo consideran un aliado útil, pero no propio. Y esa diferencia no es menor cuando se discute poder, espacios y futuro.
El vínculo entre De Angeli y Frigerio ya no es el de otros tiempos. Se acumuló desgaste, diferencias de criterio y una percepción en la Casa de Gobierno entrerriana de que el exsenador juega más para su propio proyecto que para una construcción colectiva. Esa desconfianza explica por qué, pese a los rumores, hoy no aparece un cargo claro para él dentro de la gestión provincial ni en la nacional.
Al mismo tiempo, el contexto no lo favorece: el PRO atraviesa su momento más débil desde su creación. Con apenas cuatro senadores y trece diputados, sin liderazgo claro y con gobernadores que arman proyectos propios como Ignacio Torres en Chubut, el partido enfrenta una disyuntiva existencial. En ese escenario, la apuesta de De Angeli no es menor: intenta reconstruir un espacio que hoy está más cerca de la supervivencia que de la competitividad.