Ya lo había demostrado con Nomadland: Chloé Zhao tiene muy en claro cómo filmar y fotografiar el dolor humano. Y si de dolor se trata, nada peor que cuando está involucrada la pérdida de un hijo. Ése es el eje de Hamnet, la nueva película de Focus Features que protagonizan Paul Mescal y Jessie Buckley, que este jueves llega a la pantalla grande en Argentina después de un primer recorrido en la temporada de premios que la posiciona como una de las favoritas al Oscar.
La historia de Hamnet gira alrededor del amor que nace entre Agnes y William Shakespeare, inicialmente prohibido por sus familias, para luego expandirse hacia la formación de esa familia y cómo fue atravesada por el arte. Primero desde lo práctico, en el sentido de la búsqueda de un William Shakespeare que a pesar de amar a su familia y parecer casi ejemplar (al menos desde el ojo de Chloé Zhao), necesita desarrollarse como autor y viaja constantemente a la ciudad para empezar a crecer como autor de obras que luego serían clásicas. Pero también hay un arte que los atraviesa desde lo emocional y que se vuelve el núcleo del conflicto definitivo.

Hamnet es la historia de la tragedia que inspiró a Hamlet, esa popular obra que se inmortalizó en el “ser o no ser”, frase repetida, homenajeada y parodiada hasta el hartazgo en partes iguales. Y acá está el primer punto interesante de la película de Chloé Zhao coescrita con la autora de la novela que adapta el film, Maggie O’Farrell: la humanización de sus protagonistas, la humanización del dolor.
Cuando estuvimos en Los Ángeles conversamos con Chloé Zhao en el cocktail en el que nos proyectaron la película y le preguntamos cómo se llevaba adelante un rodaje tan intenso (la escena final es absolutamente desgarradora). La música fue la clave, según nos dijo la directora ganadora de dos Oscar por Nomadland. Hasta el extra más perdido en la escena está totalmente compenetrado y compungido por lo que pasa, en una escena que se potencia por el trabajo descomunal de Jessie Buckley (a quien difícilmente le arrebaten el Oscar).

“Los estudiantes de teatro van estudiar lo que hiciste en Hamnet. Van a hablar de esto por siempre y deberían hacerlo. Es una de las mejores interpretaciones que veremos en años”, dijo Paul Mescal en conferencia de prensa sobre lo que hizo Jessie Buckley, además de haber agradecido haberla presenciado “en primera fila”. Y no le sobra ni una coma a ese elogio: lo de Buckley es fantástico. Y desolador. Porque la angustia que brota en esa secuencia interpela hasta al corazón más duro.
Todo Hamnet decanta en esa transposición de una tragedia inconmensurable en una obra que se volverá una pieza esencial de la literatura y del teatro mundial. Y a pesar de que la historia sea conocida, a pesar de que la pérdida (más allá del caso particular de Shakespeare) haya sido retratada una infinidad de veces, hay algo de esta película de Chloé Zhao que emana frescura, que la convierte en clásico.
Hamnet se estrena en salas el próximo 5 de febrero.