La reforma electoral promovida por el gobierno de Claudia Sheinbaum atraviesa una etapa de estancamiento que contrasta con la centralidad política que el tema tuvo durante el cierre del sexenio anterior. A pesar de los anuncios reiterados desde el Ejecutivo, la iniciativa no logra transformarse en un proyecto legislativo concreto, y su avance real permanece suspendido entre declaraciones generales y señales contradictorias desde el propio bloque gobernante.
El diagnóstico que circula tanto en el Congreso como entre analistas políticos es coincidente: la reforma carece hoy de impulso político efectivo. No existe un texto articulado, no se ha fijado una ruta clara para su discusión parlamentaria y, sobre todo, no se han consolidado los acuerdos mínimos dentro de la coalición oficialista. En este contexto, la propuesta comienza a perder centralidad en la agenda pública.
Las principales resistencias a la reforma no provienen de la oposición, sino de los propios aliados legislativos de Morena. El Partido Verde y el Partido del Trabajo han expresado, en distintos grados, objeciones a los puntos más sensibles del planteo oficial, especialmente aquellos que afectan el financiamiento público y los mecanismos de representación proporcional. Estas divergencias han impedido construir una posición unificada.
La falta de cohesión interna expone una contradicción estructural: mientras el discurso presidencial insiste en la necesidad de una transformación del sistema electoral, los incentivos políticos de los socios parlamentarios apuntan a preservar las reglas que garantizan su supervivencia legislativa. Esta tensión ha llevado a que la reforma quede atrapada en una negociación permanente que, hasta ahora, no produce resultados concretos.
El verdadero objetivo de la Reforma Electoral de @PartidoMorenaMx es claro: que el gobierno controle las elecciones.
— Emilio Álvarez Icaza Longoria (@EmilioAlvarezI) January 16, 2026
• Controlan el padrón
• Se quedan con tus datos
• “Rasuran” a la oposición para que no vote
• Sus operadores votan más de una vez
• Manipulan resultados
Eso… pic.twitter.com/ykOlYbf7J3
El calendario político agrega un factor decisivo al freno de la iniciativa. Con las elecciones intermedias de 2027 en el horizonte, sectores del oficialismo evalúan que impulsar una reforma electoral sin consenso amplio puede convertirse en un costo político innecesario. El riesgo de abrir un frente de conflicto interno y social en la antesala de los comicios pesa más que la urgencia reformista.
Con la reforma electoral, el gobierno morenista quiere legalizar sus trampas en la Constitución.
— Xóchitl Gálvez Ruiz (@XochitlGalvez) January 21, 2026
¡No tienen llenadera! pic.twitter.com/2HYGSLhxUE
Así, la reforma electoral de Sheinbaum parece desplazarse hacia un segundo plano, absorbida por un cálculo pragmático que prioriza la estabilidad de la coalición y la gestión cotidiana. Lejos de constituir un eje ordenador del nuevo gobierno, el proyecto queda, por ahora, como una promesa en suspenso, cuya viabilidad dependerá menos de la voluntad presidencial que de la aritmética política del Congreso.