A 36 años de uno de los episodios más traumáticos de su historia contemporánea, Azerbaiyán volvió a rendir homenaje a las víctimas del Enero Negro, la represión ocurrida en 1990 cuando tropas de la entonces Unión Soviética ingresaron a la capital, Bakú, y atacaron de manera directa a la población civil.
La conmemoración se realizó también en Argentina, donde la Embajada de Azerbaiyán organizó un acto en memoria de quienes perdieron la vida en aquella noche que marcó un antes y un después en el camino hacia la independencia. Participaron representantes diplomáticos y miembros de la comunidad, entre ellos el Embajador de Türkiye, Süleyman Ömür Budak, en un gesto que volvió a poner de relieve los lazos históricos y culturales entre ambos países.
— Embajada de Azerbaiyán en Argentina (@AzEmbArgentina) January 20, 2026
Los hechos que se recuerdan se remontan a la noche del 19 al 20 de enero de 1990, en un contexto de profunda crisis del sistema soviético. A fines de los años ochenta, el debilitamiento del poder central en Moscú había alentado movimientos nacionalistas en varias repúblicas de la Unión Soviética. En Azerbaiyán, miles de personas salieron a las calles para exigir mayores libertades políticas, el fin de la represión y el derecho a decidir su propio futuro.
Frente a ese escenario, el Kremlin ordenó una intervención militar masiva en Bakú. Unidades del Ejército soviético ingresaron a la ciudad con tanques, vehículos blindados y tropas armadas, sin advertencia previa y con un uso desproporcionado de la fuerza. Durante horas, se produjeron disparos contra manifestantes, peatones y vehículos civiles. El saldo fue de decenas de muertos y cientos de heridos, la mayoría de ellos personas desarmadas.

El episodio pasó a la historia como Enero Negro por la magnitud de la violencia y por el impacto que tuvo en la sociedad azerbaiyana. El término sintetiza no solo la tragedia humana, sino también el quiebre definitivo entre la población y el poder soviético. Lo que buscó ser una demostración de fuerza terminó convirtiéndose en el símbolo más claro del fracaso del control central sobre la república.
Lejos de apagar el reclamo, la represión aceleró el proceso independentista. El dolor colectivo se transformó en conciencia nacional y reforzó la convicción de que la soberanía solo podía alcanzarse fuera de la Unión Soviética. Apenas un año después, en 1991, Azerbaiyán declaró su independencia tras la disolución del bloque soviético.
Desde entonces, las víctimas del Enero Negro son consideradas mártires de la libertad. Sus nombres forman parte de la memoria oficial del país y su recuerdo se mantiene vivo como un recordatorio del costo humano que implicó el nacimiento del Estado independiente.
A más de tres décadas de los hechos, la conmemoración conserva plena vigencia. Para Azerbaiyán, recordar el Enero Negro no es solo mirar al pasado, sino reafirmar los valores de autodeterminación, dignidad y soberanía que dieron origen al país moderno y continúan definiendo su identidad en el escenario internacional.