Este 22 de enero se cumplen 18 años de la primera reunión que Cristina Fernández de Kirchner mantuvo como presidenta con la conducción de la Confederación General del Trabajo (CGT), un encuentro que, en su momento, fue leído tanto por el Gobierno como por la central obrera como el inicio de una etapa de diálogo y entendimiento.
Aquella cita en la Casa Rosada, encabezada por Hugo Moyano, estuvo atravesada por llamados a la prudencia salarial, elogios al rumbo económico y una fuerte sintonía política que, con el paso del tiempo, se erosionaría hasta derivar en un abierto enfrentamiento.
La reunión se desarrolló en la Casa de Gobierno y tuvo como eje central el escenario económico y social de entonces, con especial foco en las negociaciones paritarias.
Según relataron los protagonistas, no se discutieron cifras concretas ni se establecieron límites formales a los reclamos salariales. “No hablamos de montos, ni de pisos ni de techos”, explicó el secretario adjunto de la CGT, José Luis Lingeri, quien aclaró que los sindicatos no iban a “tirar más de lo que la cuerda resiste”.
Desde el entorno presidencial y desde la propia central obrera, el balance fue coincidente. “Fue una reunión amplia con temario abierto, en el que hubo predisposición de las partes al diálogo”, resumió Lingeri ante la prensa, mientras que en la Casa Rosada se interpretó como un respaldo político a la gestión que recién comenzaba.
Hugo Moyano llegó al encuentro acompañado por una numerosa delegación de la CGT y, tras los saludos protocolares, le entregó a la Presidenta un petitorio con una lista de reclamos. Entre los puntos planteados figuraban aumentos para jubilados y pensionados, asignaciones familiares, el salario mínimo vital y móvil, la modificación del mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias y mayores recursos para las obras sociales sindicales.
Además de Moyano, participaron activamente otros dirigentes de peso como Gerardo Martínez, Antonio Caló, Julio Piumato, Gerónimo “Momo” Venegas y el propio Lingeri, quienes combinaron elogios al Gobierno con demandas sectoriales. Los sindicalistas destacaron “la profundización del modelo de crecimiento productivo y la recuperación del nivel adquisitivo de los salarios”.
Cristina Kirchner, flanqueada por el jefe de Gabinete Alberto Fernández y el ministro de Trabajo Carlos Tomada, dividió su intervención entre el repaso de su trayectoria legislativa en defensa de los reclamos gremiales y un análisis de los avances logrados durante los primeros años del kirchnerismo en cada actividad productiva. En ese marco, reclamó sin estridencias equilibrio en las discusiones salariales y subrayó la necesidad de evitar una escalada inflacionaria.
Moyano, aunque no habló en la conferencia de prensa posterior, se refirió más tarde al encuentro y destacó el mensaje presidencial: “Durante el encuentro nos dijo que ella nos veía a los trabajadores no como un sector que debe apoyar desde afuera este proyecto económico y social sino como parte esencial del modelo”.
También afirmó que la Presidenta transmitió “tranquilidad” al asegurar que la economía seguiría creciendo con una “distribución cada vez más equitativa de la riqueza”.
En los días posteriores, el jefe de Gabinete Alberto Fernández negó que la Presidenta hubiera impuesto límites formales a la CGT y sostuvo que fueron los propios gremios los que se comprometieron a la prudencia. “Los jefes sindicales demostraron prudencia en la reunión y admitieron que, por el afán de pedir mucho en tiempos críticos, terminaron perjudicándose precisamente a aquellos a los que se quería beneficiar”, afirmó.
Desde la CGT, Lingeri reforzó esa idea al señalar que el parámetro para los reclamos sería “el bolsillo del trabajador cuando va al supermercado y no las cifras oficiales del Indec”, y aseguró que la Presidenta había manifestado su intención de trabajar para que el organismo estadístico recuperara credibilidad. En la misma línea, Julio Piumato calificó el encuentro como “excelente” y destacó la coincidencia con el Gobierno en la preocupación por la situación de los jubilados.
Aquel clima de sintonía política y social marcó los primeros años del vínculo entre Cristina Kirchner y la CGT conducida por Moyano. Sin embargo, esa relación comenzó a resquebrajarse con el paso del tiempo. A partir de 2011, un sector importante de la central obrera se distanció del Gobierno, cuestionó la política económica y tributaria y terminó impulsando paros generales contra la administración kirchnerista.
Así, el encuentro de enero de 2008 quedó en la memoria como el punto de partida de una relación que nació bajo el signo del diálogo y la coincidencia estratégica, pero que años después derivó en uno de los conflictos políticos y sindicales más significativos de la etapa final del kirchnerismo en el poder.