El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea, cerrado tras más de 25 años de negociaciones, volvió a colocarse en el centro del debate político y productivo argentino. Lo que fue presentado como un hito histórico para la integración comercial quedó ahora en suspenso, luego de una ajustada votación en el Parlamento Europeo que abrió la puerta a una definición judicial dentro del bloque comunitario.
La discusión no es menor: el entendimiento involucra para la Argentina y el resto de los socios del bloque un mercado de casi 700 millones de personas y a uno de los principales polos de consumo e inversión del mundo. Para países exportadores de alimentos, el acuerdo aparece como una oportunidad para ampliar el comercio exterior, aunque también como un desafío frente a exigencias ambientales, cupos, aranceles y asimetrías productivas con las naciones europeas.
En el plano local, el debate se cruza con una discusión más profunda sobre el modelo de inserción internacional. La posibilidad de que el acuerdo profundice la primarización de las exportaciones, en lugar de impulsar el agregado de valor y la generación de empleo, genera reparos en distintos sectores productivos y políticos, especialmente ante la falta de políticas de acompañamiento por parte del Estado nacional.
El escenario internacional tampoco es lineal. Las cláusulas ambientales, como el reglamento europeo sobre Productos Libres de Deforestación, y la competencia directa con economías altamente desarrolladas en sectores sensibles, suman complejidad a una implementación que, aun en el mejor de los casos, sería gradual y de mediano plazo.
En este contexto, la discusión excede el acuerdo en sí mismo y se proyecta sobre la macroeconomía argentina, la restricción estructural de dólares, la previsibilidad institucional y la capacidad del país para atraer inversiones productivas genuinas en un escenario global cada vez más fragmentado.
Con ese marco, Juan José Bahillo, ex secretario de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación durante la gestión de Sergio Massa en Economía y actual diputado provincial de Entre Ríos por el Frente Renovador, analiza los alcances, oportunidades y riesgos del acuerdo Mercosur–Unión Europea.
Con experiencia directa en las negociaciones y una mirada crítica sobre el rumbo actual de la economía por parte del gobierno de Javier Milei, Bahillo plantea la necesidad de una estrategia que priorice el valor agregado, el trabajo argentino y una inserción internacional más inteligente.
-¿Cuál es tu primera impresión sobre los últimos avances en el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea después de tantos años de negociaciones?
Es un acuerdo muy importante para nuestro país. Tenemos que ser inteligentes para sacar de este acuerdo el mejor provecho posible porque puede favorecernos si somos inteligentes y estratégicos en las negociaciones, de acá para adelante, puede perjudicar a algunos sectores. Pero, en mi opinión, el acuerdo es positivo.
Estamos teniendo un acuerdo con un bloque que tiene casi 700 millones de personas, los 27 estados de la Unión Europea, que producen 30% del PIB mundial. Tienen un alto poder adquisitivo, un altísimo ingreso per cápita, con lo cual el fuerte el importante intercambio que ya tenemos en materia de exportaciones puede verse mejorado.
Lo ideal de esto sería que este acuerdo de libre comercio, más allá de generar mejores condiciones objetivas para la exportación de nuestros productos, deberíamos pensarlo para una mayor inversión en las distintas cadenas de valor, fundamentalmente agroalimentarias que tenemos, para que agreguen valor y trabajo argentino a las exportaciones. Y no que este acuerdo, que también puede pasar, que sería el lado negativo, solo se traduzca en más exportaciones de parte de nuestro país en producto de carácter primario y sin valor agregado.
Me parece que hay que pensarlo por ahí. Si nos quedamos con que vamos a exportar más volumen de lo que ya exportamos, que algunos son con valor agregado, pero la mayoría es con poco valor agregado, creo que nos estamos quedando cortos y siendo mezquinos en la mirada.
Hay que mirarlo de manera más estratégica y tratando de generar condiciones para que se realicen inversiones extranjeras, junto con el capital nacional, para agregar valor y así subir el promedio de dólares por tonelada exportada y generar nuevas oportunidades laborales para los argentinos.
-¿Crees que las señales del Gobierno han sido más en favor de la primarización de las exportaciones?
Lamentablemente sí. El acuerdo per se no dice nada de eso, pero el Gobierno no tiene una política de acompañamiento o de apalancamiento de manera financiera para las inversiones del privado pueda desarrollar un mayor agregado de valor.
Milei muchas veces cuando dice que quiere volver a la Argentina en 1910, habría que mandarlo a estudiar un poquito, porque exportábamos granos fundamentalmente sin valor agregado. Yo quiero exportar fideos de alta calidad, no granos de trigo. Y me parece que el Gobierno actual no tiene política concreta en este sentido.
Le da prácticamente lo mismo o le traslada todo al sector privado cuando el desarrollo de una plataforma exterior, de un proceso de industrialización en un país lleva mínimamente 10 años y tiene que tener de alguna manera un acompañamiento del Estado, sobre todo en apoyo con líneas de financiamiento para la importación por ejemplo de bienes de capital, de bienes intermedios para agregar valor a nuestros productos.
Yo no veo una política concreta de generar trabajo argentino y ese es el temor que tengo: que esto solamente se traduzca en exportaciones de carácter primario y eso no sería beneficioso, porque lo que importamos sí tiene componentes de mucho valor agregado, bienes intermedios del sector industrial, es lo que nos exportan a nosotros, digamos, y nosotros no nos caracterizamos por tener mayor valor agregado. Creo que eso habría que empezar a trabajarlo para que no sea tan así.
-Mencionaste que algunos sectores de la economía podrían terminar siendo perjudicados si la apertura comercial con Europa no contempla algunas regulaciones. ¿A cuáles te referís?
La desgravación es de carácter progresivo. Siempre hay que mirar la letra chica de todos los acuerdos, y yo no la he podido ver. Sí participé de algunas reuniones donde estuve como Secretario de Agricultura junto con Cancillería de algunas negociaciones y algunas cuestiones avanzaban y nosotros estábamos inmovilizados.
Yo creo que el sector de los vinos tiene que estar muy atento, porque si nosotros exportamos vinos a la Unión Europea, también ellos son productores con mucha competitividad y mucha calidad. Países como España o Francia, tienen muy buenos vinos. También pueden competir en segmentos de alto valor.
La exportación más importante que nosotros hacemos es de harina de soja. La harina de soja tiene algo de procesamiento, no es lo mismo que el poroto de soja, pero deberíamos exportar alimento balanceado, en todo caso, o carne. Exportar proteína vegetal transformada en proteína animal.
Y en tema de carne es que otorga un cupo de 99 mil toneladas para el bloque del Mercosur, que no es tan importante para los cuatro países, esto teniendo en cuenta la capacidad productiva de Brasil. A China nomás, nosotros le exportamos 500 mil toneladas. Estados Unidos habla de que va a llevar el cupo a 80 mil toneladas cuando le exportamos 20 mil. Lo más importante ahí es la eliminación inmediata, aparentemente, de lo que es el arancel que tiene la cuota Hilton, que es de un 20% y eso sería una mejora inmediata de 110 millones de dólares para el sector y se debería trasladar a la cadena de los frigoríficos que exportan hasta los productores que producen para la cuota Hilton, una carne producida solamente a pasto y tener toda una trazabilidad. Ahí yo veo una mejora inmediata.
Y las exportaciones agrícolas pueden ir creciendo de a poco, porque también no pueden crecer más de un 5% del promedio del último trienio, tengo entendido que se sigue tomando eso, que ya se hablaba en aquel momento. Porque ahí sí pueden estar objetadas tanto por los productores o por las entidades de la Unión Europea, con lo cual ahí puede haber un crecimiento, pero es más gradual.
Hay que apostar fuertemente a la inversión extranjera, esto genera nuevas oportunidades de negocio, recupera un poco el multilateralismo en un mundo, que en estos tiempos ha habido retrocesos y que se maneja de manera prácticamente unilateral y mezclando muchas veces, lamentablemente, la política con las oportunidades comerciales. Las oportunidades comerciales tienen que ser aprovechadas por los países para colocar sus productos y para vender trabajo argentino y no estar condicionadas por cuestiones ideológicas
-¿Es un acuerdo de rápida implementación o va a ser progresivo y complejo de aplicar?
Vamos a empezar a ver algunos resultados dentro de entre 5 y 10 años. No es de rápido recupero, digamos, esto se va a ver en el mediano plazo. Pero bueno, las inversiones también tienen que ser planificadas de esta manera y lo que sí, el acuerdo le da previsibilidad para la generación de este tipo de inversiones, para el agregado valor que yo te decía
-¿El reglamento para Productos Libres de Deforestación que estableció la Unión Europea para algunos productos que se producen en Argentina caduca con este acuerdo o se mantiene vigente?
Eso regiría. Se mantiene, lo que pasa es que se va postergando su implementación. Es más que nada un arancel económico, más que de sostenibilidad ambiental, porque nuestros procesos productivos de producción de granos o de alimentos son positivos en cuanto a huella de carbono. Nosotros implementamos la siembra directa, hay un cuidado del suelo, hay sostenibilidad, hay sustentabilidad en nuestros procesos productivos y por lo tanto los alimentos que se obtienen a partir de esos procesos. Es más que nada una barrera proteccionista en términos ambientales.
-¿Cómo ve el acuerdo de ampliación de cupo con los Estados Unidos de exportación de carne? Se ha hablado mucho pero no hay demasiadas certezas
Sería bueno y hay que ser coherentes. Cuando era secretario de Agricultura, hice una viaje Washington me acuerdo fundamentalmente por dos temas. Uno era ampliar la cuota de 20 mil toneladas que teníamos con un arancel muy bajo, después se va a un arancel del 26% superada las 20 mil toneladas, con lo cual nos saca un poco de mercado, dado que había países que en la cuota de importación que tenía Estados Unidos en aquel momento no la cumplían.
Nosotros no fuimos a pedir a Estados Unidos que ampliara la cuota, sino que hiciera una reasignación de esos países que no podían cumplir con la cuota y si podíamos tener una oportunidad comercial y poder exportar más. Hicimos un viaje a Washington, nos reunimos con autoridades del Gobierno de aquel momento, inclusive hasta con las entidades que representaron a los productores, pidiendo la ampliación de la cuota. Así que en ese sentido yo creo que si nosotros la hicimos a la gestión buscando esa ampliación que se ve ahora, me parece que está bien.
Lo que yo no veo que esto se traduzca en términos concretos. Por ahora solo estamos en anuncios. Está como el swap de 20 mil millones de dólares que se anunció en el proceso electoral de parte de Estados Unidos y nuestro país y todavía de eso no hay nada en concreto. Hay mucho anuncio pero que no se traduce a la realidad y ojalá se tradujera aunque fueran partes y cuotificados y que tome algunos años, pero sería positivo para el sector que se ampliaran las importaciones a Estados Unidos de carne bobina
-Volviendo al acuerdo del Mercosur con Europa. ¿Crees que puede modificar la ecuación para que ingresen dólares a la Argentina y empezar a corregir esa situación deficitaria de arrastre?
Y ojalá genere. El problema son las decisiones políticas. Ahora por primera vez tenemos un Presupuesto de tres años. No van a venir inversiones importantes si no ven de parte de las autoridades nacionales y la más gravitante responsabilidad la tiene el oficialismo en el gobierno de Milei para mostrarse coherente, previsible, que esté fortalecido y que no tenga cuestiones imprevistas o de estrés en la macroeconomía. Y lamentablemente el gobierno nacional todavía muestra debilidades y mucha flaqueza en este sentido.
Cada cuatro meses está necesitando la fortaleza de la compañía del Fondo Monetario Internacional, el respaldo del gobierno de EEUU, el swap con China el año pasado fue un blanqueo muy importante. Está todavía con un modelo que tiene un fuerte estrés en cuanto a la restricción de dólares, son más los dólares que necesitamos para pagar la deuda y las importaciones que los dólares que generamos.
Encima abren de manera irrestricta y casi sin ningún tipo de razonabilidad las importaciones de bienes terminados, de bienes de consumo terminado, con lo cual eso tiene un doble efecto perjudicial. Una mayor demanda de dólares, el superávit energético lo neutralizó o se lo comió la mayor demanda de dólares para viajes al exterior, para el turismo, por la balanza comercial negativa que tenemos en turismo. Esos no comió un superávit similar al superávit energético en alrededor de 7 mil millones de dólares, con lo cual el gobierno sigue mostrando una vulnerabilidad muy fuerte.
Mientras no muestra el signo de mayor fortaleza en la macroeconomía, las grandes inversiones en mi opinión pueden mirar, pueden estar atentos, pero no se van a traducir tan rápidamente.
De hecho se generaron un régimen muy especial, muy particular, extremadamente beneficioso, ya de manera grosera, a través del RIGI para darle beneficio a las inversiones, sobre todo en minería y en energía, y eso no se tradujo prácticamente en nada en estos más de dos años de Gobierno.