La próxima vez que le estés contando las costillas a tu amigo que te prestó plata, acordate de esta historia de Ben Affleck y Matt Damon. Lejos de las mansiones y el glamour que hoy los rodean, los dos actores comenzaron su camino en Boston con una filosofía de hermandad absoluta que desafiaba cualquier norma financiera. Bajo la premisa de "lo mío es tuyo", decidieron que la mejor forma de sobrevivir a la incertidumbre de la actuación era fusionar sus recursos en una sola cuenta bancaria compartida en el BayBank.
Sabemos que Matt y Ben eran amigos de la infancia y que están juntos incluso antes de dar el salto. De hecho, el objetivo de los dos era triunfar en la industria como un equipo indivisible, y así fue como eventualmente apareció el fenómeno de Good Will Hunting. Affleck resumió perfectamente ese sentimiento de lealtad al recordar que se prometieron estar ahí el uno para el otro: "No vas a estar solo. Yo no voy a estar solo. Salgamos ahí fuera y hagamos esto juntos", se decían para mantenerse motivados.

Pero hubo una estrategia detrás que se la contaron recientemente a Conan O’Brien: el uso de esa cuenta corriente común como un fondo de guerra. Según explicó Matt Damon, cada ingreso que generaban por trabajos profesionales se depositaba directamente en el pozo compartido. Las reglas eran estrictas pero claras: el dinero solo podía utilizarse para cubrir los gastos de los viajes de Boston a Nueva York para asistir a audiciones, asegurando que ninguno de los dos perdiera una oportunidad por falta de efectivo.
Como no todo era trabajo, también lo usaban para despuntar algún que otro vicio, como los fichines y la cerveza, que tenían que pedirle a alguien que se las comprara porque eran menores. Sin embargo, lo más curioso era el trasfondo psicológico de su sistema. Damon reveló que la contraseña para acceder a la cuenta era "River P", un tributo a River Phoenix. El joven actor, que tenía la misma edad que ellos, era su gran referente y quien se quedaba con los papeles que ellos anhelaban.

La suerte empezó a cambiar en 1992, cuando Matt Damon consiguió un papel en la película Geronimo. Gracias a ese trabajo, logró ingresar unos 35 mil dólares a la cuenta común, una cifra que en aquel entonces fue una fortuna casi inagotable. Ese respiro económico les permitió seguir enfocados en sus propios proyectos creativos sin la presión del hambre inmediata.
Ese colchón financiero les dio el aire necesario para resistir en la industria hasta que, en 1997, el estreno de Good Will Hunting les cambió la vida por completo. Lo que empezó como un pacto de adolescentes en Boston, alimentado por ahorros compartidos y una contraseña inspirada en un ídolo, terminó convirtiéndose en una de las sociedades más recordadas del cine.