Un informe periodístico emitido en el programa 70-20 Hoy, conducido por Chiche Gelblung en Canal 9 con producción integral de RedCube, expuso el crecimiento del pastor evangélico Dante Gebel como figura pública con proyección política.
Con shows multitudinarios, respaldo económico y discursos cada vez más explícitos, el líder religioso comienza a ser observado como un posible outsider presidencial.
El nombre de Gebel dejó de circular exclusivamente en el ámbito religioso y del espectáculo para instalarse, con fuerza creciente, en la conversación política. El informe lo plantea sin rodeos: “Algunos ya ven al futuro presidente Dante”, en referencia al pastor convertido en showman y figura mediática de alcance internacional.
Su perfil resulta difícil de encasillar: pastor evangélico, conductor televisivo, actor, orador motivacional y organizador de eventos masivos. No es una descripción casual, sino una biografía que la política argentina contemporánea ya no descarta, sino que observa con atención.
Desde el escenario, el fenómeno es concreto. En sus presentaciones en la Argentina, el público corea sin sutilezas: “Presidente, presidente”. Según el informe, la gira comenzó en el Luna Park y ya recorrió más de 38 países, siempre con salas llenas.
El propio Gebel reconoce el cambio de escenario. “Hace diez años te hubiese dicho que era una locura. Hoy no lo veo tan hipotético”, afirma ante cámara. Y agrega una definición clave: “Si la providencia divina se diera de manera tal que yo pudiera hacer algo más oficial y orgánico, hoy mi respuesta sería sí, me gustaría”.

Chiche Gelblung fue uno de los periodistas que puso el foco en el formato. Tras asistir a una función en el Teatro Gran Rex, fue contundente: “Lo que hace Dante Gebel es un show. Es una performance muy bien interpretada por un hombre con un carisma incalculable”.
Pero también marcó un límite que funciona como advertencia política: “Hay que separar la persona del personaje. Si te creés los aplausos, una crítica te liquida”, señalando el riesgo de trasladar la lógica del escenario al terreno áspero del poder.
Por su parte, el periodista Martín Musciatti analizó: “Lo están empezando a instalar como una figura outsider. Su persona ya convoca multitudes, creció desde la prédica y desde una opinión formada”. Y agregó: “Ahora hay que ver si la gente lo ve como un político”.
Otro de los ejes del informe es el factor económico. Gebel maneja presupuestos poco habituales en la Argentina actual: programas de televisión producidos en Estados Unidos, entrevistas a celebridades con viajes pagos y una red de productoras internacionales.
Gelblung lo sintetizó sin rodeos: “Para ser presidente necesitás mucha plata. Y él la tiene, entre la propia y la que puede poner”. La frase no juzga: describe. En un sistema político exhausto, los outsiders con recursos propios dejan de ser anomalías y pasan a ser candidatos viables.
“Hay mucha gente que está pensando en Gebel como candidato. No tiene estructura partidaria, pero lo piensa; él mismo se ve como candidato”, expuso el conductor de Canal 9.
Musciatti sumó otra lectura: “No sé si la gente cree que porque él esté salvado los puede salvar a ellos. Pero desde la prédica y la fortuna, se puede llegar a presidente. Para conquistar el poder se necesitan muchos recursos”.

Desde distintos sectores políticos surgen lecturas contrapuestas. Algunos lo comparan con Donald Trump o Jair Bolsonaro, figuras que capitalizaron el voto evangélico. Otros desconfían de una estrategia ideológica importada. En paralelo, aparece una hipótesis incómoda: que Gebel pueda disputar electorado con La Libertad Avanza.
El propio pastor alimenta el debate con críticas directas al presente argentino. “Tenemos un presidente que grita, insulta y llena estadios. Un político logra lo que a veces las iglesias no logran”, expone el informe, mezclando análisis político y espiritual en referencia al poder acumulado por Javier Milei.
Por ahora, Dante Gebel no anunció candidatura ni estructura partidaria. Sin embargo, el informe deja una frase que funciona como síntesis del momento: “Cuando la gente buena no hace nada, la omisión es peor”.
En una Argentina donde el espectáculo y la política hace tiempo dejaron de ser mundos separados, el pastor que hace con su función un juego de palabras: “Presidante” ya no es solo una curiosidad mediática. Es un nombre que empieza a incomodar. Y cuando eso ocurre, suele ser porque algo, efectivamente, se está moviendo.