22/01/2026 - Edición Nº1080

Política

Lucha palaciega

Villarruel en el centro de la escena: la sesión del Senado que agita la interna liberal

22/01/2026 | En medio de un clima tenso, el oficialismo busca equilibrar autoridades en la Cámara alta.



El Senado de la Nación se prepara para reabrir sus puertas el próximo 24 de febrero con la clásica sesión preparatoria que establece el reglamento interno y define las autoridades del cuerpo de cara al año legislativo, en un momento en que las tensiones internas dentro del oficialismo están a la vista.

La sesión será clave porque tiene como puntos sobresalientes la elección de cargos como el presidente provisional del Senado y demás vicepresidencias, espacios que funcionan como barómetros del equilibrio de poder político entre el Ejecutivo y la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel.

En el seno del oficialismo admiten que la instrucción es evitar una ruptura mayor con Villarruel pese a un marco de tensiones políticas evidentes entre ella y la Casa Rosada, así como con otros sectores del propio espacio libertario. Las estrategias comunicacionales de la vicepresidenta y algunos cuestionamientos a su rol al frente del Senado vienen siendo objeto de debate interno en LLA, sin que hasta el momento se traduzcan en fracturas abiertas más allá de roces en redes y declaraciones públicas.

Fuentes parlamentarias señalan que la gestión administrativa de la Cámara alta se mantiene relativamente estable, con figuras como Alejandro Fitzgerald como secretario administrativo –cargo clave que maneja la caja del Senado– y Agustín Giustinian al frente de la secretaría parlamentaria, lo que ha contribuido a una cierta descompresión interna a pesar del ruido político.

Donde sí podría observarse una pulseada más intensa es en la elección de las vicepresidencias primera y segunda, actualmente en manos de representantes del radicalismo y del peronismo disidente, respectivamente, y que en un escenario de mayorías frágiles podrían ser objeto de negociaciones finas entre bloques.

Una relación difícil

Desde que existe el cargo presidencial en la Argentina, la relación entre presidentes y vicepresidentes ha sido históricamente difícil y, en muchos casos, abiertamente conflictiva. El diseño institucional —que convierte al vice en compañero de fórmula pero le otorga poder propio y una base política potencialmente autónoma— favoreció tensiones permanentes, desconfianzas y disputas de liderazgo.

Entre los casos paradigmáticos se pueden mencionar, especialmente, rupturas que contribuyeron a la destrucción de proyectos políticos, como la relación entre Arturo Frondizi y Alejandro Gómez. El vice terminó renunciando a fines de 1958, tras fuertes desacuerdos con el presidente, dejando en evidencia lo inestable que podía ser el vínculo en la cúspide del poder.

A lo largo de las décadas siguientes, el patrón se repitió con distintos matices. Carlos Menem fue uno de los pocos presidentes que decidió “cortar por lo sano”: tras asumir en 1989, impulsó a Eduardo Duhalde como candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1991, alejándolo del centro del poder nacional y neutralizando una posible interna en la Casa Rosada.

En contraste, otros binomios derivaron en choques abiertos o rupturas traumáticas: Carlos “Chacho” Álvarez renunció enfrentado con Fernando de la Rúa, precipitando el final caótico de la Alianza UCR-FREPASO. En 2008 Julio Cobos votó contra la Resolución 125 impulsada por Cristina Fernández de Kirchner, mientras que Amado Boudou fue un vice incómodo desde que la Justicia lo tuvo en la mira.

Después fue el turno de Gabriela Michetti, que mantuvo una relación fría y distante con Mauricio Macri. Por su parte, Cristina Kirchner como vice de Alberto Fernández, protagonizó una de las internas más explícitas y desgastantes de la historia democrática reciente. Más que excepciones, estos casos confirman una constante: en la Argentina, la convivencia entre presidentes y vicepresidentes casi nunca fue armónica.

GZ