El anuncio de la llamada Junta de Paz impulsado por Donald Trump durante el Foro Económico Mundial en Davos abrió una nueva discusión sobre los mecanismos informales de diplomacia global. La propuesta, presentada como un espacio alternativo para facilitar acuerdos y reducir tensiones internacionales, logró en pocas horas la adhesión de un grupo heterogéneo de países, mayoritariamente fuera del núcleo tradicional de poder occidental.
El foro, aún sin estructura jurídica definida ni estatuto público, fue presentado como un ámbito flexible, con menor burocracia que las instituciones multilaterales existentes. Desde el entorno de Trump aseguran que el objetivo es “destrabar conflictos estancados” mediante negociaciones directas entre Estados con capacidad de influencia regional.
Entre los países que confirmaron su participación figuran Arabia Saudita, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Marruecos y Jordania, consolidando una fuerte presencia de Medio Oriente. A ellos se suman Israel y varias naciones de Asia Central y el Cáucaso, como Kazajistán, Uzbekistán, Armenia y Azerbaiyán, además de Hungría y Bielorrusia en Europa oriental.
En América Latina, Argentina y Paraguay fueron los únicos gobiernos en aceptar públicamente la invitación. En Asia-Pacífico, Indonesia, Vietnam y Pakistán completan la primera lista de integrantes. El patrón común es claro: se trata en su mayoría de Estados que buscan márgenes de maniobra propios frente a los foros tradicionales dominados por Estados Unidos y la Unión Europea.
🚨🇦🇷🇺🇸🇵🇸 | #URGENTE HISTÓRICO: El presidente Javier Milei firmó junto a Donald Trump la carta fundacional para que Argentina sea miembro fundador de la Junta de Paz, el organismo que supervisará el nuevo gobierno palestino en la Franja de Gaza. pic.twitter.com/mI3LmF5m8I
— La Derecha Diario (@laderechadiario) January 22, 2026
Las principales potencias europeas observaron la iniciativa con cautela. Francia, Reino Unido, Noruega y Eslovenia declinaron el convite, señalando la necesidad de preservar el rol central de la ONU y evitar instancias paralelas que puedan debilitar el sistema multilateral. Bruselas, por su parte, evitó una posición unificada y optó por el silencio diplomático.
China y Rusia, mencionadas por Trump como países interesados, no confirmaron oficialmente su adhesión. Moscú indicó que estudia la propuesta, mientras Pekín evitó pronunciarse, un gesto que refleja prudencia ante un esquema liderado por una figura política que genera divisiones incluso dentro de Estados Unidos.
