El dato de inflación de enero volvió a instalar la discusión económica en el centro del escenario mexicano. Tras varios meses de desaceleración gradual, el índice de precios mostró un repunte que, si bien se mantiene dentro del rango objetivo, rompe la narrativa de una convergencia rápida hacia el 3%. El inicio de 2026 encuentra a los hogares con señales mixtas: estabilidad relativa, pero con alertas tempranas sobre el costo de vida.
El comportamiento de los precios no respondió a un shock externo abrupto, sino a ajustes internos previsibles que suelen concentrarse en los primeros meses del año. Cambios impositivos, actualizaciones de tarifas y reacomodamientos en servicios configuraron un escenario de presión moderada pero persistente, que obliga a revisar las expectativas inflacionarias tanto del mercado como de la autoridad monetaria.
El foco de atención se desplazó rápidamente hacia la inflación subyacente, el componente que mejor refleja las tensiones estructurales de la economía. Allí, los precios de servicios y mercancías mostraron una dinámica más resistente a la baja, impulsada por costos laborales, ajustes fiscales y mayor inercia inflacionaria. Este comportamiento sugiere que la desaceleración observada en 2025 podría haber encontrado un límite.
A diferencia de episodios anteriores, el repunte no estuvo dominado por energéticos o productos volátiles, sino por rubros de consumo cotidiano. Esta composición refuerza la percepción de que el proceso inflacionario aún no está completamente contenido y que su reducción podría ser más lenta y costosa en términos de crecimiento de lo previsto inicialmente.

Para el Banco de México, el escenario plantea un equilibrio delicado. Con una inflación general dentro del rango objetivo pero una subyacente elevada, la política monetaria enfrenta el desafío de no relajar las condiciones demasiado rápido y, al mismo tiempo, evitar un freno innecesario a la actividad económica. Cada decisión sobre tasas tendrá un impacto directo en crédito, consumo e inversión.
#ULTIMAHORA La deuda promedio de los hogares mexicanos ya es de $193,000 pesos 📈
— Alejandro Gómez T. (@alejandrogomezt) January 22, 2026
Y lo más preocupante es que estamos ganando menos que hace un año 📉
Más consumo, más crédito, menos ingreso.👇 pic.twitter.com/3NMqAtlauq
De cara al resto del año, la inflación se consolida como una variable política y social, además de económica. La evolución de salarios, impuestos y expectativas será determinante para definir si el repunte de enero fue un episodio transitorio o el anticipo de un ciclo más prolongado de presión sobre los precios. En ese contexto, la credibilidad de la política económica y la coordinación fiscal-monetaria serán claves para sostener la estabilidad.