03/02/2026 - Edición Nº1092

Internacionales

Tensión ferroviaria

España en alerta por accidentes, paros y fallas de seguridad en los trenes

23/01/2026 | Dos siniestros graves activaron huelgas, suspensiones y un fuerte debate nacional.



España atraviesa una de las crisis ferroviarias más delicadas de los últimos años, marcada por una sucesión de accidentes graves, interrupciones masivas del servicio y una creciente protesta de los trabajadores del sector. En pocos días, dos siniestros con víctimas fatales encendieron todas las alarmas sobre el estado de la infraestructura, los protocolos de seguridad y la gestión del sistema ferroviario.

El episodio más grave ocurrió el domingo 18 de enero cerca de la localidad de Adamuz, en la provincia de Córdoba, cuando dos trenes de alta velocidad colisionaron tras un descarrilamiento. El impacto provocó decenas de muertes y cientos de heridos, convirtiéndose en uno de los accidentes ferroviarios más mortales del siglo en España y en el primero de estas características entre formaciones de alta velocidad. La magnitud del hecho sacudió al país y reabrió viejas discusiones sobre mantenimiento de vías, control técnico y prevención de riesgos.

Apenas dos días después, el martes 20 de enero, un nuevo accidente volvió a poner en jaque al sistema. En Cataluña, un tren de cercanías de la red Rodalies chocó contra un muro de contención que había caído sobre las vías como consecuencia de intensas lluvias. En ese siniestro murió un maquinista en formación y decenas de pasajeros resultaron heridos, profundizando la sensación de inseguridad entre los usuarios.

Las consecuencias no tardaron en sentirse en la vida cotidiana. Tras el accidente en Cataluña, los servicios de cercanías fueron suspendidos durante más de un día para realizar inspecciones, dejando a más de 400.000 pasajeros sin trenes y provocando importantes congestiones en rutas y accesos a Barcelona, con demoras de hasta 18 kilómetros en algunas autopistas. Muchos viajeros debieron recurrir a autos particulares o transporte alternativo en medio de un escenario caótico.


Efectivos policiales y peritos trabajan en la zona del accidente.

En este contexto, los sindicatos de maquinistas anunciaron una huelga nacional para los días 9, 10 y 11 de febrero. La medida de fuerza busca exigir garantías reales de seguridad, mejores condiciones de trabajo y una revisión profunda del estado de la red ferroviaria. Los trabajadores advierten que no se trata de hechos aislados, sino de señales de un deterioro progresivo que, aseguran, fue denunciado en reiteradas oportunidades.

El Gobierno buscó bajar el tono del conflicto. En declaraciones a TVE, el ministro de Transportes, Óscar Puente, sostuvo que no considera necesaria la huelga de maquinistas y remarcó que la medida aún no fue convocada formalmente. El funcionario señaló que espera “agotar todas las vías de diálogo y negociación”, al tiempo que reconoció que existen “cosas que mejorar” dentro del sistema ferroviario.


Óscar Puente, defendió el diálogo con los maquinistas y pidió “racionalidad” en el debate tras la seguidilla de accidentes ferroviarios.

Puente también se refirió al choque de los dos trenes ocurrido en Adamuz y precisó que el hecho se produjo “justo en el momento o poco antes” del trágico desenlace. En ese sentido, afirmó que su objetivo es “introducir racionalidad en el debate” sobre lo sucedido, aunque admitió comprender la “zozobra y cierta psicosis” generadas tras la seguidilla de accidentes. Desde el sindicato de maquinistas, en tanto, sostienen que la huelga es la “única vía legal” que les queda para reclamar la recuperación de los estándares de seguridad del sistema.

El conflicto también puso bajo la lupa a los organismos responsables de la gestión y el mantenimiento de las vías, así como a las empresas operadoras. Desde el sector gremial reclaman inversiones urgentes, controles más estrictos y protocolos claros para la circulación de trenes, especialmente en contextos de clima adverso, como el que precedió al descarrilamiento en Cataluña.

El ferrocarril es uno de los pilares del transporte en España, con una de las redes de alta velocidad más extensas de Europa y millones de usuarios diarios en los servicios de cercanías. Sin embargo, la sucesión de accidentes en tan corto período reavivó el recuerdo de tragedias pasadas y generó un fuerte debate público sobre la seguridad, la responsabilidad institucional y el futuro del sistema.

Mientras avanzan las investigaciones para determinar las causas exactas de los siniestros, el Gobierno enfrenta la presión de dar respuestas rápidas y concretas. La combinación de duelo, protestas y paros deja en evidencia que la crisis ferroviaria ya no es solo un problema técnico, sino un tema central en la agenda política y social del país.