Una nueva polémica sacude al sector vitivinícola en la antesala de una nueva cosecha, luego de la difusión de versiones que alertaron sobre una supuesta “crisis profunda” en el sector. Los planteos, que fueron en aumento en estos días, describieron un escenario de colapso productivo y financiero que encendió señales de alarma en parte de la industria.
Frente a ese diagnóstico, la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA) salió a desmentir que la actividad atraviese una situación terminal. Si bien reconoció dificultades asociadas a la caída del consumo interno y al contexto económico general, o situaciones puntuales en algunas empresas, el gremio sostuvo que esos factores no constituyen una crisis estructural ni justifican un clima de incertidumbre generalizada.
Desde la organización sindical advirtieron, además, que este tipo de discursos reaparecen de manera recurrente en esta etapa del año, en la previa de las negociaciones paritarias. En ese marco, señalaron que los discursos alarmistas suelen formar parte del “folclore de la cosecha” y apuntaron contra intentos empresariales de condicionar la discusión salarial del sector.
Desde FOEVA rechazaron que el sector esté en colapso y advirtieron que los discursos pesimistas reaparecen antes de las paritarias. El sindicato reconocieron que la industria del vino enfrenta dificultades vinculadas a la caída del consumo interno y a un contexto económico complejo, pero sostuvieron que esos factores no configuran una crisis estructural.
En ese sentido, citaron al presidente de Bodegas de Argentina, Walter Bressia, quien había afirmado que “2026 va a ser un año de crecimiento mesurado” y que el sector debía ser cauto sin perder el foco.
Según FOEVA, la vitivinicultura transita un proceso de "recomposición" con señales de estabilidad relativa, luego de un período adverso pero sin indicios de colapso generalizado.
La Federación remarcó que la baja del consumo no implicó quiebras extendidas ni pérdida sistemática de puestos de trabajo. Indicaron que algunas situaciones empresariales particulares, como reestructuraciones o negociaciones de deuda, debían analizarse como casos aislados.
“Hasta el momento ni FOEVA ni los sindicatos de base recibimos comunicaciones formales de crisis por parte de las empresas, ni informes oficiales que demuestren una caída estructural de la actividad”, sostuvo el secretario de Prensa del gremio, Daniel Romero.
Desde FOEVA advirtieron que la instalación de supuestos escenarios de crisis suele coincidir con el inicio del año productivo y las negociaciones salariales. “No nos resultó llamativo que en esta instancia del año el sector empresario instalara discursos de crisis profunda. Es parte del folclore de la cosecha, en la previa de la paritaria”, señaló Romero.
En esa línea, el gremio alertó que esos planteos buscaron condicionar las discusiones salariales y limitar los reclamos de recomposición. “Cuando se habla livianamente de crisis, muchas veces se intenta justificar la falta de voluntad para pagar salarios dignos”, afirmaron.
FOEVA insistió en evitar la generalización de situaciones empresariales específicas. Sobre el caso de Bodegas Bianchi, Romero explicó que respondió a una estrategia de endeudamiento especulativa y recordó que la propia empresa había reconocido la existencia de una propuesta de regularización de deudas.
Además, el gremio expresó su preocupación por la falta de una respuesta integral del Gobierno de Mendoza. “Llamó la atención que el ministro de Producción, con pleno conocimiento del sector, no presentara un plan de contingencia y se limitara a amplificar diagnósticos alarmistas”, indicaron.
La Federación ratificó que se mantuvo en estado de alerta permanente, pero insistió en que no existieron notificaciones oficiales que justificaran el clima de crisis que se intentó instalar.