23/01/2026 - Edición Nº1081

Política

Memoria

Murió la madre del soldado Omar Carrasco

23/01/2026 | Sebastiana Barrera -madre del conscripto asesinado en Zapala en 1994- falleció a los 75 años



Sebastiana Barrera, madre de Omar Octavio Carrasco, el soldado cuyo asesinato en 1994 dentro del Grupo de Artillería 161 en Zapala (Neuquén) generó una fuerte movilización social y política que derivó en la abolición del Servicio Militar Obligatorio en Argentina, falleció en las últimas horas, confirmaron fuentes familiares.

La noticia fue difundida por allegados durante el velatorio, donde amigos y parientes despidieron a Barrera con palabras de profundo afecto: “Con profundo dolor despedimos a Sebastiana Barrera. Hoy descansa en paz junto a sus hijos Claudia Estela y Omar Octavio Carrasco. Su amor, su fortaleza y su recuerdo vivirán por siempre en nuestros corazones”, expresaron.

Luego de conocerse el hecho, Barrera y su esposo, Francisco Carrasco, se pusieron el frente del pedido de justicia tras la desaparición y posterior hallazgo del cuerpo de su hijo, cuya muerte —ocurrida dentro del ámbito militar— estuvo rodeada de encubrimientos y contradicciones institucionales.

Por el homicidio la Justicia condenó en enero de 1996 a tres integrantes del Ejército Argentino: el subteniente Ignacio Canevaro, sentenciado a 15 años de prisión como autor del crimen —pena tras la cual accedió a la libertad condicional en 2004, luego de cumplir gran parte de la condena—, y los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar, quienes recibieron 10 años de prisión cada uno.Ambos recuperaron la libertad en el año 2000, beneficiados por la aplicación de la entonces vigente ley del “dos por uno”

Un caso que marcó un antes y un después

Omar Carrasco fue visto con vida por última vez el 6 de marzo de 1994, cuando dos soldados lo llevaron para un “baile”, término utilizado para referirse a un castigo físico extremo dentro del servicio militar. Nunca regresó a su unidad. En un primer momento las autoridades militares intentaron hacer pasar la desaparición como algo voluntario, pero pronto comenzaron a aparecer pruebas que indicaron lo contrario.

Su familia enfrentó la versión oficial -el Ejército hablaba de deserción- y pudo demostrar, a través de informes forenses que el joven murió como consecuencia de los golpes propinados por sus superiores —una conclusión que desestimó la primera versión del Ejército y que evidenció una red de silencio y ocultamiento institucional.

El caso conmovió a la opinión pública. La presión social fue clave para que, en agosto de 1994, se dispusiera el fin del servicio militar obligatorio y su reemplazo por un sistema voluntario, vigente hasta el día de hoy, marcando un punto de inflexión en las políticas de defensa y en la mirada pública sobre los abusos dentro de las Fuerzas Armadas.

GZ