Seguramente te ha pasado: estás viendo una película con una escena que transcurre en la oscuridad y te encontrás con un puñado de cuadrados grises, manchas pixeladas y líneas que fragmentan la imagen. Este fenómeno, que arruina la inmersión, no es un fallo de tu conexión de internet ni necesariamente de tu televisor, sino el resultado de una compleja cadena de decisiones técnicas.
El principal responsable es la compresión de video. Los servicios de streaming manejan archivos gigantescos que deben "achicar" para que viajen por la red sin trabarse. Para lograrlo, los algoritmos de codificación son selectivos: asumen que el ojo humano prestará más atención a los rostros, el movimiento y las zonas brillantes. Por eso, destinan la mayor cantidad de información (bitrate) a esas áreas, sacrificando los detalles en la oscuridad. Como resultado, los degradados sutiles de negro se agrupan en bloques toscos de color, creando ese efecto de pixelado.

A esto se suma una limitación técnica en la paleta de colores digitales. Mientras que en las zonas claras tenemos una enorme variedad de tonos para representar la luz, en las sombras el margen es mucho más estrecho. La mayoría de los videos estándar utilizan un rango limitado donde el negro absoluto comienza en un valor técnico y el blanco en otro. Esos valores hacen que sea difícil conseguir colores puros porque están limitados a una escala numérica, y cuando más se nota es cuando estamos frente a un color oscuro o negro.
De hecho, lo curioso es que tener un televisor de alta gama puede empeorar la percepción de este problema. Las pantallas OLED, famosas por sus "negros perfectos" gracias a que pueden apagar sus píxeles individualmente, son tan precisas que muestran con total crudeza los errores de la compresión. Mientras que un televisor LED viejo podría ocultar estas manchas bajo un brillo grisáceo de fondo, un panel moderno revela cada imperfección y "ruido" digital.
Otro factor determinante es la profundidad de color. Los colores que conforman una imagen nacen a partir de combinar rojos, verdes y azules (los colores RGB por sus siglas en inglés). Solo hay 256 “niveles” de cada uno de esos colores que se traducen en un aproximado de 16.7 millones de colores diferentes. Suena a mucho pero no siempre es suficiente. En una escena con una transición suave de luz, como un pasillo oscuro o un cielo nocturno, el televisor no tiene suficientes "escalones" para mostrar ese degradado, lo que genera el color banding (esas bandas o rayas visibles que dividen los tonos). Si a esto le sumamos el procesamiento de imagen del televisor. estos artefactos se acentúan todavía más. La solución está en los televisores con HDR (High Dynamic Range) y Dolby Vision, que tienen una mayor profundidad de bits y hacen que se expanda esa paleta de colores.
Eso sí, más allá del televisor que tengas, siempre tenes que tener en cuenta que la maoría de los servicios de streaming no llegan a producir el negro perfecto por el tipo de compresión que tienen, por lo que siempre quedás expuesto a este detalle técnico. Además, como explicó el youtuber Tom Scott, también influye nuestra percepción ocular, que hace que con los colores más claros quizás pase desapercibido este problema de la compresión.