11/02/2026 - Edición Nº1100

Internacionales

Costa Rica

La derecha arrasa en las encuestas de Costa Rica: qué temen las instituciones

26/01/2026 | Con apatía ciudadana y una oposición fragmentada, el oficialismo busca capitalizar el orden y la seguridad.



La campaña costarricense avanza hacia las urnas con una energía inusualmente baja para un país que se enorgullece de su estabilidad democrática. En las conversaciones cotidianas pesa más el cansancio que la ilusión, y la política se vive como un ruido de fondo que interrumpe sin ofrecer salida clara. Ese clima no es solo emocional: expresa una sensación extendida de que el sistema ya no responde a las prioridades urgentes, desde el costo de vida hasta la seguridad.

En ese terreno fértil para el escepticismo, el poder se juega tanto en las propuestas como en el encuadre del debate público. La elección aparece marcada por la disputa sobre quién representa “orden” y quién encarna “privilegios”, pero también por el temor a que el país cruce una línea institucional si la confrontación se convierte en método de gobierno. La baja participación probable funciona como riesgo adicional: cuando vota menos gente, el margen para decisiones de alta intensidad política suele ser mayor.

Costa Rica 


Costa Rica es un país de América Central con una geografía accidentada, que incluye bosques tropicales y costas en el Caribe y el Pacífico.

Oficialismo y una campaña de alto voltaje

Aunque el presidente Rodrigo Chaves no puede ser candidato inmediato, su figura organiza la contienda y condiciona a todos los actores. El oficialismo intenta presentar continuidad a través de su carta electoral y apela a un discurso que promete eficiencia, disciplina y mano firme ante el crimen y la burocracia. En paralelo, la oposición denuncia que esa narrativa convive con una práctica de confrontación constante, donde el señalamiento público a críticos y adversarios termina elevando el costo de disentir.

El conflicto no se limita al intercambio de slogans: permea el clima social y la forma en que se arma una eventual administración futura. En distintos sectores circula la idea de que nombrar equipos y aliados puede acarrear represalias políticas o económicas, lo que introduce una lógica de autocensura inédita en la percepción de muchos votantes. En ese contexto, la discusión sobre seguridad se mezcla con otra pregunta más delicada: cuánto margen queda para discrepar sin miedo.


Las encuestas muestran una clara ventaja de la candidata de la derecha.

La oposición ante el dilema de frenar o proponer

La fragmentación opositora convierte la elección en una carrera con pocos incentivos para grandes acuerdos y muchos incentivos para la supervivencia partidaria. Parte de la estrategia parece orientada a evitar una victoria holgada del oficialismo y forzar un escenario donde el Congreso actúe como contrapeso, pero esa meta convive con una dificultad persistente: traducir el malestar ciudadano en una alternativa nítida. Sin un relato convincente de futuro, el voto puede terminar siendo un gesto defensivo más que una apuesta.

El riesgo institucional no depende únicamente del resultado presidencial, sino del balance legislativo que salga de las urnas. Si un bloque alineado con el Ejecutivo logra dominar el Parlamento, se abriría la puerta a reformas que, bajo la etiqueta de modernización o eficiencia, puedan debilitar controles y garantías. En un país acostumbrado a resolver tensiones por cauces institucionales, la pregunta central no es solo quién gana, sino si el sistema conservará la capacidad de poner límites cuando el poder pida más.

Relacionadas
Más Noticias