La participación de República Dominicana en Fitur 2026 dejó cifras que funcionan como señal política y económica. Los acuerdos anunciados colocaron al país en el centro del radar de bancos, aerolíneas y grandes operadores turísticos, reforzando la imagen de estabilidad que el Gobierno viene construyendo en los últimos años. Sin embargo, más allá del impacto mediático, el verdadero valor de esos compromisos se medirá en el terreno, donde las promesas deben transformarse en proyectos visibles y sostenibles.
El contexto regional también juega a favor. En un escenario latinoamericano marcado por la volatilidad económica y los cambios políticos, República Dominicana aparece como una excepción relativa, con reglas claras para la inversión turística y una política de Estado que trasciende gobiernos. Esa continuidad explica por qué los anuncios realizados en Fitur no se leen como hechos aislados, sino como parte de una estrategia de posicionamiento de largo plazo en el mercado internacional.
El volumen de acuerdos cerrados en Madrid impone ahora una agenda exigente. La ejecución de nuevas habitaciones, el desarrollo de destinos emergentes y la expansión de la conectividad aérea requieren coordinación entre el sector público, la banca y los inversores privados. Sin esa articulación, los montos anunciados corren el riesgo de diluirse en trámites, demoras y cuellos de botella que afectan la credibilidad del modelo.
A la vez, la expansión acelerada plantea desafíos estructurales. Infraestructura vial, servicios básicos, formación de mano de obra y gestión ambiental se convierten en variables centrales para sostener el crecimiento. La experiencia regional muestra que el éxito turístico no depende solo de atraer capital, sino de la capacidad del Estado para acompañar ese capital con planificación y control, evitando desequilibrios sociales o territoriales.
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— RIU Hotels & Resorts (@RiuHoteles) January 23, 2026
Más allá de las cifras, el principal activo que República Dominicana puso en juego en Fitur fue la confianza. Para los actores internacionales, la previsibilidad regulatoria y la estabilidad macroeconómica pesan tanto como la rentabilidad esperada. Mantener ese clima exige coherencia en las políticas públicas y señales claras de que los compromisos asumidos se cumplirán en tiempo y forma.
La República Dominicana viene rompiendo récord desde el 2020 en turismo y aviación. #IDAC #FITUR2026 🇩🇴✈️ pic.twitter.com/H7Riy0q5nJ
— Igor Rodriguez Duran (@irodriguezduran) January 23, 2026
En ese sentido, el desafío es doble. Por un lado, convertir los acuerdos en resultados tangibles que refuercen la reputación del país como destino seguro para invertir. Por otro, demostrar que el crecimiento turístico puede ser ordenado, inclusivo y sostenible, evitando los costos que otros destinos pagaron por expandirse sin planificación. El balance entre ambición y ejecución será el verdadero examen tras Fitur.