24/01/2026 - Edición Nº1082

Internacionales

Diplomacia paralela

La ONU blue: Milei, Malvinas, Annobón y el vaciamiento estratégico de la soberanía argentina

23/01/2026 | Argentina reclama soberanía en el sistema que abandonó, calla cuando la autodeterminación incomoda y confunde alineamiento ideológico con política exterior. El resultado no es audacia: es pérdida de poder.



La política exterior argentina no está atravesando un “giro”, una “redefinición” ni una “modernización”. Está atravesando algo más simple y más grave: un vaciamiento estratégico.

Argentina sigue pronunciando las palabras correctas —Malvinas, soberanía, derecho internacional— pero elige decirlas en los lugares equivocados, frente a los actores equivocados y bajo una lógica que erosiona su propia posición histórica. Esa contradicción tiene un nombre: ONU paralela, una ONU blue donde se participa, pero no se incide.

El abandono del centro

El multilateralismo no funciona por simpatías ni afinidades ideológicas. Funciona por centralidad institucional. Por eso importa dónde se habla, con quién se habla y bajo qué reglas.

Argentina, bajo la presidencia de Javier Milei, decidió correrse del centro del sistema internacional para moverse en foros laterales, consejos de paz sin arquitectura jurídica y mesas donde no se definen resoluciones, no se construyen mayorías y no se generan costos para las potencias.

Eso no es rebeldía diplomática. Es irrelevancia administrada.

Grossi: la prueba que desmiente el rumbo

La figura de Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica, funciona como una refutación en tiempo real de esta política exterior. Grossi no opera desde los márgenes. Opera desde el núcleo duro del sistema multilateral.

Mientras un argentino ocupa una silla con poder efectivo, el Estado argentino elige no jugar ese juego. No por falta de capacidad, sino por decisión política.

La paradoja es insoslayable: Argentina demuestra que puede producir diplomacia de alto nivel, pero decide no utilizarla como herramienta estratégica nacional.

Malvinas: razón histórica, estrategia debilitada

El reclamo argentino sobre Malvinas sigue siendo sólido desde el punto de vista histórico y jurídico. Lo que se debilitó no es la causa, sino la forma de sostenerla.

Malvinas se defendió durante décadas con una lógica clara:

  • presencia constante en la ONU formal,

  • acumulación paciente de apoyos,

  • incomodidad persistente al Reino Unido.

Cuando Argentina se desplaza hacia una ONU blue, que incluye a Kosovo, renuncia voluntariamente a incomodar a Londres. No hay presión, no hay costo, no hay negociación posible.

Una causa justa sin presión institucional no avanza. Se congela.

Annobón: el punto donde la coherencia se rompe

Aquí aparece Annobón. Y con ella, el núcleo duro del problema.

Argentina invoca el derecho internacional y la autodeterminación para Malvinas, pero elige no reconocer Annobón, una isla con pasado colonial, reclamos de autodeterminación y denuncias documentadas de violaciones a los derechos humanos.

No es necesario comparar conflictos para detectar la falla.
Alcanza con una pregunta lógica:

¿La autodeterminación es un principio o una herramienta selectiva?

Si es un principio, no se elige cuándo aplicarlo.
Si se elige, deja de ser principio y pasa a ser conveniencia.

Y en diplomacia, la conveniencia erosiona credibilidad.

La soberanía como discurso y no como política

La soberanía no se defiende con frases fuertes ni alineamientos ideológicos. Se defiende con coherencia, previsibilidad y presencia institucional.

Lo que hoy muestra la política exterior argentina es otra cosa:

  • discursos firmes,

  • estrategias débiles,

  • silencios funcionales.

El silencio sobre Annobón no fortalece a Malvinas.
La participación en foros paralelos no fortalece a la Argentina.
La cercanía con líderes sin poder institucional no sustituye alianzas reales.

Responsabilidades políticas

Esto no es un error técnico. Es una decisión política.

  • Javier Milei, al reemplazar estrategia por alineamiento ideológico.

  • La Cancillería, al normalizar la periferia como si fuera centralidad.

  • El entorno diplomático presidencial, al confundir visibilidad con poder.

No hay improvisación: hay una concepción equivocada de cómo funciona el sistema internacional.

Argentina no perdió soberanía.
Está dejando de ejercerla.

Reclama Malvinas en un sistema que abandona.
Calla sobre Annobón cuando la coherencia incomoda.
Y se mueve en una ONU paralela que no decide nada, pero expone todo.

La soberanía no se vacía de un día para otro.
Se vacía gesto a gesto, silencio a silencio, mesa lateral tras mesa lateral.

Y cuando se intenta recuperarla, suele ser tarde.

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