La muerte de Winston Churchill, ocurrida el 24 de enero de 1965 en Londres, marcó el cierre simbólico de una etapa central de la historia británica y europea del siglo XX. A los 90 años, el estadista falleció tras una prolongada enfermedad, rodeado de una expectativa pública que reflejaba su dimensión histórica. Su figura estaba profundamente asociada al liderazgo en tiempos de crisis y a la resistencia del Reino Unido durante la Segunda Guerra Mundial.
Churchill no fue solo un jefe de gobierno, sino un símbolo nacional. En un período de extrema vulnerabilidad para Gran Bretaña, su retórica, su capacidad de movilización y su negativa a negociar con la Alemania nazi consolidaron una narrativa de resistencia que trascendió el campo militar. La noticia de su fallecimiento generó un duelo nacional y una inmediata reacción internacional.
Su papel como primer ministro entre 1940 y 1945 definió el curso de la política británica durante la guerra. Frente al avance del Tercer Reich en Europa, Churchill sostuvo una estrategia de confrontación total y logró mantener a su país en la lucha incluso en los momentos de mayor aislamiento. Su relación con Franklin D. Roosevelt y Josef Stalin fue clave para la conformación del bloque aliado.
Más allá de las decisiones militares, su liderazgo se apoyó en una comunicación política excepcional. Los discursos radiales, cargados de dramatismo y convicción, ayudaron a sostener la moral pública en medio de los bombardeos y la escasez. Esa combinación de firmeza estratégica y construcción simbólica lo convirtió en una de las figuras más reconocidas del conflicto.
"Los fascistas del futuro se denominarán a sí mismos antifascistas"
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Tras la guerra, Churchill volvió al poder entre 1951 y 1955, en un contexto internacional marcado por la Guerra Fría y el declive del Imperio británico. Aunque su segunda gestión tuvo menor impacto histórico, mantuvo una influencia significativa en la definición del rol del Reino Unido en el nuevo orden global y en su relación con Estados Unidos y Europa.
Joseph Stalin and Winston Churchill in Livadia Palace during the Yalta Conference, 1945 pic.twitter.com/bV22H1Km96
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Su legado trascendió la política. Escritor prolífico e historiador, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1953 por su obra y su oratoria. El funeral de Estado, seguido por millones de personas en todo el mundo, confirmó que la muerte de Churchill no fue solo la de un dirigente, sino la de una figura que encarnó una época.