La política argentina dejó una semana cargada de movimientos silenciosos, pulseadas en segundo plano y algunas señales que empiezan a perfilar el clima de lo que viene.
Enero cierra con la avanzada del oficialismo con la reforma laboral, un cierto optimismo sindical, el laberinto opositor y un Javier Milei cómodo en su propio libreto. Febrero será un mes de mayores definiciones.
El ministro del Interior, Diego Santilli, viene desplegando una estrategia clásica pero efectiva: fotos, reuniones y sonrisas con gobernadores que, en principio, estarían dispuestos a acompañar la reforma laboral, tal como retratamos aquí, aquí y aquí.
El objetivo es claro: garantizar que los diputados y senadores que responden a esos mandatarios levanten la mano cuando llegue la hora de votar.
La incógnita es si ese apoyo territorial se traduce de manera automática en el Congreso o si aparece algún legislador rebelde dispuesto a dudar hasta último momento. En ese margen fino puede jugar un papel clave la presión social, siempre imprevisible, sobre todo si el debate logra salir del Palacio y colarse en la calle.
Por ahora, el peronismo aparece bastante aislado y con pocos resortes para frenar el avance del proyecto. A eso se suma un dato no menor: el tratamiento en febrero, con buena parte de la sociedad todavía en modo vacaciones o con la cabeza en otro lado. Un contexto poco propicio para que se arme una resistencia opositora sólida, articulada y genuinamente empujada por los sectores afectados.
No por nada el peronismo insistía en llevar el debate a las sesiones ordinarias de marzo. Mientras tanto, Santilli avanza, paso a paso, con un trabajo de hormiga que viene dando resultados.

Del lado sindical, la CGT apuesta a que la reforma laboral finalmente no saldrá. Al menos esa es la lectura que transmiten varios de sus dirigentes, entre ellos Luis Barrionuevo, como reflejamos en esta nota. Además, el líder gastronómico encabezó una actividad de peso en Mar del Plata, donde reunió a buena parte de la dirigencia gremial más influyente. En ese encuentro también dijo presente Carlos Bianco, en representación del gobierno bonaerense. El evento fue cubierto por NewsDigitales, y contó con fuertes testimonios como pueden verse aquí, aquí, aquí y aquí.
Sin embargo, no todos los sindicatos están dispuestos a esperar. Desde ATE empujan una estrategia más confrontativa y reclaman ir cuanto antes a una instancia de paro y movilización. El temor es simple: que el tiempo pase, el proyecto avance y cuando quieran reaccionar ya sea tarde. El propio Rodolfo Aguiar lo reconoció, como reflejamos acá.
Hay, de todos modos, factores que podrían jugarle a favor a la CGT. La actividad económica no atraviesa su mejor momento, hay tensiones laborales en distintos sectores y los salarios del sector privado registrado vienen perdiendo contra la inflación, según el índice que publica el INDEC. Ese combo puede convertirse en un caldo de cultivo para que crezca el malestar y se ponga en duda el optimismo del Gobierno respecto del impacto social de la reforma.

En la oposición, el problema sigue siendo el mismo: falta de conducción clara. Axel Kicillof intenta emerger y “nacionalizarse”, pero el peronismo sigue siendo, en los hechos, una suma de realidades provinciales, con liderazgos fuertes en algunos territorios pero sin una figura federal que contraste con potencia frente a Milei.
A ese panorama se le suma un capítulo clave en la provincia de Buenos Aires, donde se definirá quién sucederá a Máximo Kirchner al frente del PJ bonaerense. Todavía no está claro si habrá lista de unidad o competencia el 15 de marzo. La idea, al menos en los papeles, es evitar una interna que profundice el desgaste. Pero esa posible unidad viene con condiciones, sobre todo desde el sector que responde a Kicillof, que pretende un alineamiento más orgánico a su gestión. El famoso acompañar “sin chistar”, como alguna vez lo sintetizó Carlos Bianco.
Kicillof juega con una ventaja: del lado del cristinismo, por ahora, no asoma ningún candidato con volumen suficiente para disputarle una eventual carrera presidencial. Después de ocho años al frente de la provincia de Buenos Aires, aparece como el candidato natural. El riesgo es otro: llegar a ese momento desgastado por las internas, un camino que Alberto Fernández recorrió casi completo durante su mandato. Aquí y aquí se reflejaron algunas notas sobre el laberinto del PJ bonaerense.
Mientras tanto, Javier Milei se mueve en terreno conocido. Su discurso en Davos tuvo mucho menos eco interno que en 2024 y 2025. Esta vez evitó meterse de lleno en la agenda antiwoke de Agustín Laje, que el año pasado le generó más de un dolor de cabeza, y se concentró en un mensaje 100% económico, defendiendo la superioridad del capitalismo. Nada nuevo bajo el sol. Milei en su salsa. Aquí lo analizamos.
La frase más comentada fue su aviso de que “Maquiavelo había muerto”, otra mojada de oreja a los politólogos, como mostramos aquí. Detrás de ese tono, sin embargo, hay una estrategia más cuidadosa. Desde el entorno presidencial buscan que el Presidente evite errores no forzados, sobre todo en un contexto donde necesita apoyos opositores para aprobar leyes clave y cualquier desliz discursivo puede servir de excusa para que algún aliado circunstancial se baje del barco.