Lo que hace apenas dos décadas era interpretado como un acto de rebeldía o marginalidad, hoy se ha consolidado como un rasgo identitario de la sociedad argentina. Según el estudio "Radiografía del Tatuaje en Argentina", elaborado por el Centro de Investigaciones Sociales de la UADE, el 60% de la población ya tiene al menos un diseño en su cuerpo. Sin embargo, esta masividad choca con una realidad persistente: 3 de cada 4 argentinos perciben que todavía existen prejuicios significativos al momento de buscar empleo o desarrollarse profesionalmente.

El relevamiento, basado en más de 2.000 casos, destaca un cambio de paradigma en el perfil de quienes eligen la tinta. Actualmente, las mujeres lideran la tendencia con un promedio de tres diseños por persona, superando a los hombres que promedian dos. Además, el estudio derriba el mito del arrepentimiento juvenil: solo el 15% de los tatuados lamenta su decisión, mientras que la gran mayoría lo vive como una narrativa biográfica. El motor principal ya no es la simple estética, sino la búsqueda de un significado personal o simbólico que represente vivencias profundas.
La verdadera brecha aparece al analizar el mercado de trabajo. El informe traza una división clara entre las profesiones "amigables" con el arte corporal y los sectores más conservadores. Mientras que en áreas como Tecnología (IT), Marketing, Diseño y Gastronomía los tatuajes son vistos como un signo de creatividad y capital simbólico, en sectores tradicionales como el Derecho, las Finanzas y la Salud aún persisten tensiones sobre la "imagen profesional" y los códigos de vestimenta rígidos.

A pesar de estas resistencias en los sectores más formales, la proyección a futuro es de una normalización total. Casi la mitad de los consultados asegura que sentirá orgullo por sus tatuajes dentro de tres décadas, lo que confirma que la tinta ha dejado de ser una moda pasajera para convertirse en una expresión cultural permanente.