Hace exactamente trece años, Daniel Scioli transitaba un delicado equilibrio político dentro del oficialismo. Luego de varios meses en los que había quedado en el centro de la escena al expresar públicamente sus aspiraciones presidenciales de cara a 2015, el entonces gobernador de la provincia de Buenos Aires admitía que se había adelantado en los tiempos y buscaba recomponer el vínculo con el kirchnerismo, encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
En ese contexto, Scioli reconocía que era “demasiado pronto para hablar” de una eventual candidatura presidencial, al tiempo que enviaba señales claras de alineamiento con la conducción política del espacio.
Con su estilo característico, evitaba definiciones ideológicas contundentes y se ubicaba explícitamente bajo el liderazgo de la Presidenta. “Cristina sabe que puede contar conmigo”, afirmaba, en una frase que procuraba disipar las tensiones internas y mostrar disciplina política frente a las críticas que comenzaban a emerger desde sectores del kirchnerismo.
El gobernador debió salir a marcar esa postura luego de que desde el oficialismo se lo acusara de “posicionarse mediáticamente”, en particular por los movimientos de dirigentes cercanos a Scioli que impulsaban la discusión sobre el reparto de la coparticipación federal entre las provincias.
“Colaboro, no confronto. Que quede claro: desde lo político y lo humano siempre soy el mismo Daniel”, sostenía, sin profundizar en definiciones sobre su futuro electoral.

En esas declaraciones vertidas a la revista Gente, Scioli reforzó su pertenencia al espacio al subrayar que Cristina Fernández de Kirchner era la conductora política del proyecto, en línea con declaraciones de dirigentes kirchneristas como el entonces vicegobernador bonaerense Gabriel Mariotto, quien había calificado como “una irresponsabilidad anticipar el 2015”. Mariotto era el vice de Scioli.
Sin embargo, en paralelo, el mandatario bonaerense marcó diferencias con el estilo confrontativo que caracterizaba al kirchnerismo frente a sectores empresarios y mediáticos: “Porque nunca me la creí soy previsible y equilibrado, no miento, no reacciono violentamente ni tiro todo por la borda”.

Si bien ahora buscaba bajar el perfil de sus ambiciones, Scioli ya había explicitado en mayo del año anterior que tenía “aspiraciones presidenciales”. Esa definición había generado malestar dentro del kirchnerismo, que lo cuestionó por “anticipar la interna” del Partido Justicialista cuando aún restaba una elección legislativa y más de tres años de mandato presidencial de Fernández de Kirchner.
Pese a la marcha atrás discursiva, el gobernador no abandonaba su proyección a largo plazo. En ese marco, comenzó a trabajar en la conformación de un espacio político propio, integrado por diversas agrupaciones justicialistas, muchas de ellas referenciadas en ministros provinciales y exintendentes del conurbano bonaerense. El final ya se sabe: Scioli perdería contra Mauricio Macri en el balotaje.
Al explicar su concepción del liderazgo, Scioli volvió a dejar abierta la puerta a una eventual candidatura futura. “Es demasiado pronto para hablar”, reiteró, aunque inmediatamente señaló que su ejemplo a seguir era el del expresidente sudafricano Nelson Mandela.
“Llegó a la presidencia de su país desde el sacrificio y la adversidad, creyendo en el trabajo en equipo y sin revanchismos”, afirmó, aludiendo al dirigente que pasó casi tres décadas preso durante el régimen del apartheid.
En medio de la discusión por la coparticipación federal, uno de los principales focos de tensión con el kirchnerismo, Scioli evitó confrontar directamente y eligió remarcar sus prioridades de gestión. “Peleo contra lo que tengo que pelearme: por ejemplo, la droga. En ese sentido mi prudencia no debilita mi firmeza”, aseguró.
Fiel a su estilo, volvió a esquivar la polémica directa con sus críticos y concluyó con una definición que sintetizaba su posicionamiento político de aquel momento: “Hay demasiados políticos que crean problemas. Frente a ellos, yo doy soluciones”.