El 26 de enero de 2020, el mundo del deporte se paralizó con la noticia del accidente aéreo en Calabasas, California, que acabó con la vida de Kobe Bryant, su hija Gianna y otras siete personas. El helicóptero Sikorsky S-76B en el que viajaban se estrelló en medio de una densa niebla, cuando se dirigían a un partido juvenil en la Mamba Academy.
La tragedia fue inmediata y devastadora: miles de fanáticos se congregaron frente al Staples Center, el estadio de Los Angeles Lakers, mientras las redes sociales se inundaban de mensajes de incredulidad y dolor. La NBA suspendió actividades y el planeta entero se detuvo para llorar a uno de sus ídolos más grandes.
La foto compartida por Fox News sobre el accidente de Kobe Bryant en California (Mark J. Terrill / AP).El impacto de su muerte se reflejó en las palabras de quienes compartieron con él la cima de la NBA. Michael Jordan, considerado el mejor jugador de todos los tiempos, confesó en el homenaje en el Staples Center: “Cuando murió, una parte de mí murió. Descansa en paz, hermanito”. Jordan habló entre lágrimas, reconociendo que Kobe había sido como un hermano menor, alguien que lo buscaba constantemente para aprender y que, con el tiempo, se convirtió en un rival y en un amigo entrañable. Su discurso fue uno de los momentos más emotivos de la ceremonia, y dejó claro que la relación entre ambos trascendía el deporte.
"Viviré con el recuerdo de saber que tuve un hermano menor al que traté de ayudar de todas las maneras que pude" 💜💛
— NBA Latam (@NBALatam) February 24, 2020
El discurso completo (subtitulado en español) de Michael Jordan para su amigo y hermano menor, Kobe Bryant. pic.twitter.com/XF0dzPShoP
Por su parte, Shaquille O’Neal, compañero de Kobe en los Lakers durante la era dorada de tres campeonatos consecutivos (2000, 2001 y 2002), expresó: “No hay palabras para expresar el dolor que siento. Perdí a un hermano”. La dupla Shaq-Kobe fue una de las más dominantes en la historia de la NBA, y aunque su relación tuvo tensiones, el respeto y el cariño mutuo se mantuvieron intactos. La muerte de Bryant dejó a O’Neal devastado, y sus palabras reflejaron la magnitud de la pérdida para quienes compartieron vestuario y gloria con él.
La conmoción por su fallecimiento no se limitó solamente al ámbito del básquet. Barack Obama escribió en la por entonces Twitter que Kobe era “una leyenda en la cancha y apenas comenzaba lo que habría sido un segundo acto tan significativo”, mientras que el presidente Donald Trump calificó la noticia como “terrible”. En el mundo del espectáculo, Beyoncé, Justin Bieber, Snoop Dogg y Drake compartieron mensajes de dolor en redes sociales.
En el deporte, las reacciones fueron igual de desgarradoras: Pau Gasol, inseparable compañero de Kobe en el equipo angelino, lo recordó como “más que un compañero, un hermano”; la leyenda de los Celtics Larry Bird dijo que "Kobe no solo era un ícono en la cancha, sino un hombre del mundo", y hasta Diego Armando Maradona manifestó su pesar en ese momento cuando señaló: “Se van todos los buenos. Hasta la vista, leyenda”. A ellos se sumaron mensajes de respeto de otras figuras del fútbol como Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y Ronaldinho.
En el tenis, Novak Djokovic y Rafael Nadal destacaron su inspiración, y en la NFL, estrellas como Tom Brady y Keyshawn Johnson también se sumaron al recuerdo. La figura de Bryant trascendía las fronteras del básquet: era un símbolo cultural, un referente de disciplina y superación, y un puente entre generaciones. Su temprana muerte añadió un componente desgarrador que multiplicó la tristeza colectiva.
Bryant debutó en la NBA en 1996, directamente desde el instituto, algo poco común en aquel entonces. Durante 20 temporadas con Los Angeles Lakers, se consolidó como uno de los jugadores más dominantes de la historia. Fue cinco veces campeón de la NBA, 18 veces All-Star, MVP de la liga en 2008 y dos veces MVP de las Finales. Su estilo combinaba técnica, disciplina y una mentalidad feroz, lo que le valió el apodo de Black Mamba, inspirado en la serpiente más letal de África. Esa identidad reflejaba su filosofía: precisión, resiliencia y una voluntad inquebrantable de ganar.
Entre sus hitos más recordados está el partido de 81 puntos contra los Toronto Raptors en 2006, la segunda mayor anotación en la historia de la liga, y sus dos medallas de oro olímpicas con Estados Unidos en Beijing 2008 y Londres 2012.
Kobe Bryant. 81 points.
— NBA (@NBA) January 22, 2026
20 years ago today.
Relive every single point of the second-highest scoring game in NBA history! pic.twitter.com/BbxUK4SdTR
Al retirarse en 2016, dejó un legado de 33.643 puntos, ubicándose entre los máximos anotadores de todos los tiempos. Su despedida, con un partido de 60 puntos ante Utah Jazz, fue un espectáculo que resumió su grandeza y su capacidad de brillar hasta el último instante.
Tras colgar las zapatillas, Kobe no se alejó de la creatividad ni del liderazgo. Fundó la Mamba Academy, escribió libros y se volcó al cine. En 2018 ganó un Oscar por el corto animado Dear Basketball, basado en la carta con la que anunció su retiro. Ese reconocimiento demostró que su talento era innato para un sinnúmero de actividades, y que su obsesión por la excelencia podía aplicarse a cualquier disciplina. Su influencia se extendió a jóvenes atletas, empresarios y artistas que adoptaron la llamada Mamba Mentality, una filosofía de vida centrada en la disciplina, la pasión y la búsqueda constante de la perfección.
La pasión de Kobe Bryant por el deporte no se limitaba al básquet: sentía una profunda fascinación por el fútbol y por figuras que encarnaban la creatividad y la mentalidad competitiva que él admiraba. En varias entrevistas confesó su devoción por Lionel Messi, a quien consideraba un genio capaz de redefinir el juego con cada toque de balón. Y en Ronaldinho encontraba la magia pura, el talento espontáneo que hacía del fútbol un espectáculo artístico; Kobe relataba que verlo jugar le recordaba la importancia de disfrutar del deporte, de sonreír incluso en medio de la competencia más ruda.
"Hace un tiempo, el equipo del Barcelona viajó a Los Ángeles. Ahí lo vi a Ronaldinho, que me presentó al que él decía que sería el mejor jugador de todos los tiempos.
— Ataque Futbolero (@AtaqueFutbolero) December 29, 2025
Era LIONEL MESSI, que tenía solo 17 AÑOS".
Brutal esto de Kobe Bryant. La vieron. 😮💨
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Con Manu Ginóbili compartía algo más que admiración: lo veía como un espejo de su propia garra, un latino que conquistó la NBA con inteligencia, sacrificio y una capacidad de sorprender en los momentos decisivos.
Videazo de Kobe hablando (en español) sobre Manu Ginobili. QUE LO PARIÓ! 🩷 pic.twitter.com/SkYceRzTY1
— InfoManu (@InfoManu) November 6, 2023
Esa conexión con Messi, Manu y Ronaldinho revelaba que su mirada sobre los ídolos trascendía fronteras: buscaba en ellos la misma mezcla de talento, pasión y mentalidad que lo definía como la Mamba Negra.
Hoy la Mamba Mentality sigue viva en cada jugador que busca superarse, en cada fanático que recuerda sus gestas y en cada niño que sueña con emularlo. Kobe Bryant no fue solo un atleta excepcional: fue un símbolo de resiliencia, disciplina y pasión. Su legado permanece eterno, y cada 26 de enero el mundo recuerda que la Mamba Negra nunca muere.
