28/01/2026 - Edición Nº1086

Internacionales

Mujer en fuga

Sisi: la emperatriz que pasó su vida escapando del poder

27/01/2026 | Encerrada en una corte rígida y vigilada, Isabel de Austria desafió el rol femenino de su época con silencios, ausencias y una búsqueda constante de libertad.



La historia de Isabel de Austria, conocida como Sisi, suele contarse como un relato romántico marcado por la belleza y la tragedia. Sin embargo, detrás del mito hay una mujer que nunca quiso ocupar el lugar que le fue asignado y que pasó gran parte de su vida intentando escapar de él.

Isabel nació en Baviera y creció lejos de las estrictas normas de la corte vienesa. En 1854, con apenas dieciséis años, se casó con Francisco José I y se convirtió en emperatriz de Austria. El matrimonio no fue el inicio de un cuento de hadas, sino el comienzo de un encierro. Sin formación política ni margen de decisión, Sisi quedó atrapada en una estructura donde se esperaba de ella obediencia, discreción y una imagen impecable.

El cuerpo como único territorio propio

En un sistema donde su rol era representar al Estado, el cuerpo se convirtió en el único espacio que pudo controlar. Su obsesión por la delgadez, el ejercicio extremo y el cuidado de su cabello no fue solo vanidad. Fue una forma de ejercer poder sobre sí misma en una vida donde casi todo le era impuesto. Con el paso de los años, rechazó ser fotografiada porque no quería que el mundo viera el paso del tiempo sobre ella. En una época en la que la mujer era observada y juzgada, Sisi eligió cuándo y cómo mostrarse.

Ni siquiera la maternidad le perteneció por completo. La crianza de sus hijos quedó bajo el control de la corte y de su suegra, lo que profundizó su sensación de distancia y pérdida. El golpe más duro llegó en 1889, cuando su hijo Rodolfo murió en un episodio que sacudió a la monarquía. Desde entonces, Sisi se volvió aún más retraída, vistió casi siempre de negro y se alejó definitivamente de la vida pública.


Isabel de Austria junto al emperador Francisco José I. El matrimonio, celebrado cuando ella tenía dieciséis años, estuvo marcado por la distancia emocional y el control estricto de la corte vienesa.

Viajar como forma de resistencia

Mientras la corte esperaba presencia y solemnidad, ella eligió el movimiento. Pasó largos períodos fuera de Viena, viajó por Europa y el Mediterráneo, muchas veces de incógnito. Para una mujer del siglo XIX, irse ya era un gesto disruptivo. No lideró discursos ni impulsó reformas formales, pero resistió desde la ausencia. No ocupar el lugar esperado fue su forma de desobediencia.

Paradójicamente, el lugar donde encontró mayor reconocimiento fue Hungría. Aprendió el idioma, se vinculó con su cultura y fue una figura clave en el Compromiso Austrohúngaro de 1867, que la convirtió en reina de Hungría. Allí fue vista no solo como emperatriz, sino como una aliada. Fue el único ámbito donde su voz tuvo peso real.


Ilustración del asesinato de Sisi en Ginebra, en 1898, mientras viajaba sin escolta.

Un final marcado por el azar

En 1898, mientras viajaba por Suiza sin escolta y bajo un perfil bajo, fue asesinada en Ginebra por el anarquista italiano Luigi Lucheni, quien no la había elegido a ella en particular, sino que buscaba atacar a una figura de la realeza. Sisi no comprendió de inmediato la gravedad de la herida y continuó caminando hasta desplomarse minutos después.

Murió como vivió gran parte de su vida: en movimiento, lejos del centro del poder y fuera del rol que nunca aceptó. Más que una emperatriz romántica, Sisi fue una mujer que resistió en silencio un sistema que no le dejó otro camino que la huida. Su historia, leída hoy, revela hasta qué punto ese gesto fue profundamente disruptivo para su tiempo.