27/01/2026 - Edición Nº1085

Internacionales

Brasil global

Lula da Silva se planta tras la captura de Maduro: la jugada secreta que prepara Brasil

26/01/2026 | Tras la captura de Maduro, el presidente brasileño activó una red de contactos para reposicionar a Brasil como actor moderador y mundial.



La crisis abierta en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses alteró de forma abrupta el equilibrio político regional y obligó a los principales gobiernos sudamericanos a fijar posición con rapidez. En ese contexto, Brasil quedó bajo presión para definir si acompañaba el hecho consumado o si buscaba una respuesta propia que evitara una escalada mayor. La reacción inicial de Luiz Inácio Lula da Silva fue rechazar el uso unilateral de la fuerza y marcar distancia tanto del intervencionismo directo como del silencio diplomático.

Lejos de limitarse a un pronunciamiento formal, Lula optó por una ofensiva telefónica que apuntó a reconstruir canales de diálogo regional e internacional en tiempo récord. Las primeras llamadas estuvieron dirigidas a gobiernos directamente implicados en la estabilidad sudamericana, pero rápidamente el radio de contactos se amplió hacia América del Norte, Europa y Asia. El mensaje central fue consistente: Brasil buscaba reposicionarse como garante del multilateralismo en un escenario donde las reglas parecían haber sido suspendidas.

Brasil 


Brasil es un vasto país de Sudamérica que se extiende desde la Cuenca del Amazonas en el norte hasta los viñedos y las enormes cataratas del Iguazú en el sur.

La red de llamadas como instrumento político

Las conversaciones con México, Colombia y Canadá permitieron a Brasil articular una posición compartida en defensa de una transición venezolana negociada y con respaldo internacional. En todos los casos, Lula insistió en que cualquier reordenamiento político debía preservar la soberanía venezolana y evitar que la región quedara atrapada en una lógica de hechos consumados. Este enfoque contrastó con la postura de Washington y reforzó la imagen de Brasil como un actor dispuesto a asumir costos diplomáticos.

En paralelo, Lula extendió su agenda hacia líderes europeos y asiáticos para trasladar el debate fuera del eje estrictamente regional. El contacto con España y la Comisión Europea se produjo en simultáneo a la validación política del acuerdo Mercosur–Unión Europea, lo que permitió a Brasil asociar su discurso de legalidad internacional con una agenda económica concreta. La diplomacia brasileña buscó así vincular estabilidad política y previsibilidad comercial como dos caras de una misma estrategia.

Brasil entre el liderazgo regional y la ambición global

El activismo diplomático de Lula también respondió a una lectura interna: la crisis venezolana ofrecía una oportunidad para consolidar a Brasil como interlocutor indispensable entre el Norte y el Sur global. Al dialogar tanto con potencias occidentales como con actores del bloque BRICS, el presidente brasileño reforzó la idea de un país capaz de moverse en múltiples tableros sin alineamientos automáticos. Esta postura apuntó a recuperar la centralidad internacional que Brasil había perdido en años recientes.

Sin embargo, la estrategia no está exenta de riesgos. El freno jurídico al acuerdo Mercosur–UE y la persistencia de tensiones geopolíticas ponen a prueba la capacidad de Brasil para transformar capital diplomático en resultados concretos. Aun así, la secuencia de llamadas dejó una señal clara: en un escenario de rupturas, Lula eligió convertir la crisis en una plataforma para redefinir el lugar de Brasil en el mundo.