28/01/2026 - Edición Nº1086

Internacionales

política regional

Colombia rumbo a 2026: por qué sobran partidos pero faltan proyectos

26/01/2026 | A meses de las elecciones, la proliferación de sellos, el oportunismo y la debilidad ideológica reconfiguran un sistema más táctico que programático.



El calendario electoral de 2026 encuentra a Colombia con un sistema de partidos formalmente amplio, pero sustantivamente frágil. A medida que se activan consultas, alianzas y listas al Congreso, la discusión pública gira más alrededor de nombres, encuestas y cálculos de corto plazo que de propuestas de país. La abundancia de siglas contrasta con la escasez de programas reconocibles, lo que profundiza la distancia entre ciudadanía y representación.

Este fenómeno no es nuevo, pero adquiere mayor visibilidad en un contexto donde la política se organiza por ciclos electorales cada vez más breves. Los partidos operan como vehículos electorales antes que como espacios de elaboración ideológica, y priorizan la captación de avales, la negociación territorial y la supervivencia institucional por sobre la construcción de agendas de largo plazo.

Colombia 


Colombia es un país del extremo norte de Sudamérica. Su paisaje cuenta con bosques tropicales, las montañas de los Andes y varias plantaciones de café.

La fragmentación como norma

La multiplicación de partidos con personería jurídica ha convertido al sistema en un mercado de identidades políticas intercambiables. Directorios regionales, liderazgos locales y estructuras clientelares pesan más que las plataformas nacionales, generando una lógica de coaliciones inestables que se arman y desarman según la cercanía al poder ejecutivo. En este esquema, la disciplina partidaria y la coherencia doctrinaria se vuelven excepciones.

Casos como el del Partido de la U ilustran esta dinámica: una organización que ha acompañado proyectos de gobierno ideológicamente disímiles sin redefinir su identidad. La ausencia de un relato propio lo transforma en un actor funcional al equilibrio parlamentario, pero irrelevante en términos programáticos, reforzando la percepción de que los partidos ya no estructuran la competencia política.

El costo democrático de la improvisación

La consecuencia de este escenario es una oferta electoral que dificulta la rendición de cuentas. Sin programas claros, al electorado le resulta complejo evaluar gestiones pasadas o anticipar decisiones futuras. La política se reduce a promesas genéricas y narrativas emocionales, debilitando el vínculo entre voto y proyecto de país, y favoreciendo la volatilidad electoral.


Fragmentación partidaria y ausencia de programas marcan la carrera electoral colombiana hacia 2026.

De cara a 2026, el desafío no es solo quién ganará la presidencia, sino qué tipo de sistema político emergerá. Sin una reconstrucción mínima de identidades partidarias y sin debates sustantivos sobre desarrollo, Estado y modelo productivo, Colombia corre el riesgo de consolidar un sistema donde los partidos existen, pero la política -como espacio de ideas- queda vaciada.