por Mikel Viteri
La reciente sacudida en la cúpula militar de China ha encendido alertas dentro y fuera del país. En los últimos años -y de forma acelerada desde 2023- prácticamente toda la plana mayor del Ejército Popular de Liberación ha sido removida, investigada o purgada, en lo que analistas consideran la mayor reconfiguración del poder militar chino desde la llegada de Xi Jinping al poder.
Entre los casos más relevantes figuran la destitución del ministro de Defensa en 2023 por corrupción; la remoción en octubre de 2025 de uno de los vicepresidentes de la Comisión Militar Central (CMC); y, más recientemente, la investigación contra el otro vicepresidente de la CMC, Zhang Youxia, acusado según versiones no oficiales de graves violaciones disciplinarias, e incluso de filtrar información sensible. También se encuentran bajo investigación el jefe del Departamento del Estado Mayor Conjunto y otros altos responsables del aparato político-militar.
Aunque el Ministerio de Defensa chino confirmó formalmente investigaciones por “violaciones graves de disciplina y ley” una fórmula habitualmente asociada a corrupción, el tratamiento mediático del caso ha sido inusualmente discreto. Medios oficiales como People’s Daily, Xinhua y CCTV han evitado una cobertura extensa, pese a la magnitud del asunto.
Elementos adicionales refuerzan la percepción de que la situación no está cerrada: el perfil de Zhang Youxia continúa apareciendo en algunas páginas oficiales del Partido Comunista, mientras que otros registros han sido parcialmente retirados. Fuentes disidentes y analistas independientes señalan que existiría una disputa interna sobre la legalidad de las medidas adoptadas, así como expresiones públicas de descontento por parte de familiares y antiguos subordinados del general. Por el momento, no se han anunciado resoluciones definitivas.

En las últimas horas, han circulado en redes sociales y medios opositores versiones sobre un supuesto intento de golpe militar contra Xi Jinping, que habría involucrado a Zhang Youxia y al jefe del Estado Mayor Conjunto, Liu Zhenli. Estas informaciones incluyen alegatos de enfrentamientos armados, detenciones masivas y un plan para “salvar al Partido y a la nación”.
Sin embargo, no existe confirmación independiente de estos hechos. Agencias occidentales como Reuters y Bloomberg tienden a interpretar los acontecimientos como una nueva fase de las purgas de Xi dentro del estamento militar, más que como un levantamiento fallido. Las autoridades chinas no han reconocido ningún intento de golpe, y las referencias oficiales se limitan a investigaciones disciplinarias.

Más allá de las versiones concretas, el episodio confirma una tendencia clara: Xi Jinping ha intensificado el control personal sobre las fuerzas armadas, debilitando redes internas de poder y eliminando posibles focos de autonomía militar. Que figuras de tan alto rango sean investigadas sugiere que el proceso no está exento de tensiones internas y que el equilibrio dentro del Partido enfrenta desafíos inéditos.
En paralelo, estas turbulencias coinciden con ejercicios militares chinos en torno a Taiwán y con un deterioro sostenido de la relación con Estados Unidos. La rivalidad bilateral, lejos de limitarse al comercio o la tecnología, se proyecta cada vez más en el plano militar y estratégico, en un contexto de creciente desconfianza mutua.
Por ello, la purga casi total del alto mando militar chino no es un episodio aislado, sino un reflejo de una lucha por el control absoluto del poder armado en un momento de alta presión interna y externa. Aunque los rumores más extremos carecen de confirmación, la opacidad oficial y la magnitud de las destituciones indican que el proceso está lejos de concluir. En un sistema donde la estabilidad política depende en gran medida de la lealtad militar, cualquier fisura, real o percibida, adquiere una relevancia estratégica de primer orden.