10/02/2026 - Edición Nº1099

Internacionales

Derechos humanos

Madres encadenadas en Caracas: cómo las cárceles complican la transición

27/01/2026 | Familias, estudiantes y ONG convierten las cárceles en epicentro de una disputa clave para medir el cambio político.



Las concentraciones frente a centros de detención en Caracas y otras ciudades se han transformado en un fenómeno persistente, marcado por la presencia constante de familiares que reclaman información y respuestas. No se trata de marchas multitudinarias, sino de una ocupación simbólica del espacio público que mantiene el tema de los presos políticos en la agenda diaria. La escena combina cansancio, determinación y una narrativa común: nadie se mueve hasta ver resultados concretos.

Este clima se desarrolla en un contexto de transición política todavía frágil, donde las señales de apertura conviven con prácticas heredadas del ciclo anterior. Para las familias, el cambio de autoridades no es suficiente si no se traduce en libertades efectivas y verificables. La ausencia de listados oficiales y de un mecanismo claro de revisión judicial alimenta la percepción de que el nuevo poder administra el tiempo como herramienta de control.

Venezuela 


Venezuela es un país de la costa norte de América del Sur, con diversas atracciones naturales. A lo largo de su costa en el Caribe, hay islas turísticas tropicales, entre ellas la Isla de Margarita y el archipiélago Los Roques.

La disputa por las excarcelaciones

El eje del conflicto se concentra en la discrepancia entre anuncios oficiales y verificaciones independientes. Mientras el gobierno habla de liberaciones en bloque, organizaciones de derechos humanos registran salidas parciales, medidas cautelares restrictivas y casos que permanecen sin resolución. Esta diferencia de relatos no es menor: define quién controla la narrativa del cambio y quién asume el costo político de la demora.

En paralelo, la geografía carcelaria se convierte en un laberinto para los familiares. Traslados sin notificación, expedientes incompletos y audiencias suspendidas refuerzan la idea de una burocracia diseñada para desgastar. El resultado es una protesta sostenida que, lejos de diluirse, se consolida como una presión organizada y visible, capaz de articularse con estudiantes y sectores sociales que habían permanecido al margen.

La transición bajo examen público

La reaparición de protestas, aun sin represión inmediata, funciona como un test para las nuevas autoridades. Permitir la vigilia y el reclamo abre una ventana de legitimidad, pero también eleva la expectativa de respuestas rápidas. En este equilibrio inestable, cada excarcelación se lee como un gesto político y cada demora como una señal de continuidad con el pasado.

El desenlace de este proceso tendrá impacto más allá de las cárceles. Si la liberación de presos políticos avanza con criterios transparentes y sin condicionamientos, la transición podrá consolidar credibilidad interna e internacional. Si no, la causa seguirá siendo un punto de fricción permanente, con la calle como recordatorio de que la estabilidad política en Venezuela aún depende de resolver heridas abiertas.