14/03/2026 - Edición Nº1131

Internacionales

Aceite en disputa

Marruecos impulsa su cosecha mientras el campo español pierde árboles por energía

28/01/2026 | Dos estrategias productivas chocan en el Mediterráneo con impacto económico, social y ambiental a largo plazo.



El mapa del olivar mediterráneo atraviesa un momento de fuertes contrastes. Mientras Marruecos se encamina a una campaña agrícola histórica con un salto productivo sin precedentes, en España se multiplican los conflictos por la sustitución de explotaciones tradicionales por grandes proyectos de generación eléctrica. Dos caminos distintos que vuelven a tensar los mercados y reabren el debate sobre el futuro del campo europeo.

El Gobierno marroquí confirmó que esta temporada el país duplicará su producción de aceitunas. El dato no llega aislado: la cosecha de dátiles crecerá alrededor de un 50% , las hortalizas un 20%  y los cítricos cerca de un 25%. Detrás del salto aparece un plan estatal sostenido durante más de una década, basado en la expansión del riego, la modernización de fincas y la incorporación de tecnología agrícola. Con ese esquema, Marruecos se consolida como un proveedor clave del Mediterráneo y gana capacidad para influir en los precios internacionales del aceite de oliva y otros alimentos básicos.


Campo de olivos talado en Andalucía para la instalación de una planta fotovoltaica.

El impacto potencial es directo sobre los productores europeos. España concentra cerca del 40% del aceite de oliva mundial y sostiene miles de explotaciones familiares, especialmente en Andalucía. Sin embargo, en provincias como Jaén y Córdoba, un grupo de agricultores enfrenta procesos de expropiación que podrían implicar la tala de hasta 100.000 árboles centenarios para dar lugar a una planta fotovoltaica de gran escala.

El proyecto, impulsado por la empresa Greenalia Solar y avalado por la Junta de Andalucía, fue declarado de utilidad pública. La decisión generó un fuerte rechazo local. Asociaciones rurales y plataformas vecinales alertan sobre la pérdida de empleo agrario, la fragmentación de fincas y el impacto sobre un paisaje cultural que aspira al reconocimiento de la UNESCO como patrimonio mundial.

Las protestas se multiplicaron bajo el lema “Renovables sí, pero no así”. Los manifestantes cuestionan que la electricidad producida se integre en el mercado continental sin beneficios claros para las comunidades afectadas. También advierten sobre la desaparición de ecosistemas agrícolas que durante siglos combinaron producción, biodiversidad y arraigo social.


Cosecha de aceitunas en Marruecos durante una campaña récord.

El contraste es nítido. Mientras Marruecos refuerza su modelo de expansión agrícola orientado a la exportación, en zonas del sur español se reemplaza un cultivo milenario por instalaciones industriales. Para los productores, la paradoja resume una discusión más amplia: cómo equilibrar la transición energética, la seguridad alimentaria y la supervivencia del mundo rural en el marco de las estrategias europeas alineadas con la Agenda 2030. El debate ya no es solo económico. También define qué tipo de territorio y de agricultura tendrá el Mediterráneo en las próximas décadas.

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