Durante más de treinta años, el miedo fue una presencia constante en la vida de Matías Bagnato. No como un recuerdo del pasado, sino como una condición cotidiana. “Yo convivía con la palabra miedo las 24 horas del día”, dice al describir cómo organizó su vida después del incendio que mató a su familia.
El caso que marcó su vida ocurrió el 17 de febrero de 1994, cuando la vivienda familiar de Bagnato, en el barrio porteño de Flores, fue incendiada de manera intencional. El fuego provocó la muerte de sus padres, sus dos hermanos menores y un amigo que se encontraba en la casa. Matías, que entonces tenía 16 años, fue el único sobreviviente.
La investigación judicial determinó que el incendio no fue accidental y concluyó con la condena a prisión perpetua de Fructuoso Álvarez González, señalado como autor del crimen, quien años más tarde recuperó la libertad a raíz de un vacío legal.
En la entrevista realizada en El Living de NewsDigitales, explicó que ese temor no estaba vinculado solo a su propia seguridad. “Mi mayor miedo no era por mí, era por mi abuela”, afirmó. Según relató, la posibilidad de que el asesino volviera a atacarlo condicionó cada decisión: dónde vivir, cómo moverse, con quién vincularse. “Vivía en alerta permanente”, resumió.
Ese estado se profundizó cuando el condenado recuperó la libertad. Bagnato recordó con crudeza ese momento: “Cuando me avisaron que estaba libre, se me cayó el mundo”. A partir de entonces, comenzó una etapa marcada por el ocultamiento y las amenazas directas. “Me llamaba y me decía que me iba a buscar”, contó, al explicar por qué tuvo que esconderse durante años.
La muerte del agresor marcó un quiebre, pero no un alivio inmediato. “No es que se termina todo y listo”, aclaró. Según explicó, recién entonces empezó a aparecer otro tipo de angustia, ligada a todo lo que había quedado postergado. “Yo sobreviví, pero no viví”, dijo.
En ese proceso, la figura de su abuela volvió a ocupar un lugar central en su relato. “Ella me enseñó a no odiar”, afirmó, y sostuvo que su sostén fue clave para no quedar atrapado en el rencor. Sin embargo, su muerte abrió una nueva etapa. “Ahora no está ella, no está él, y hay que empezar a vivir por Matías”, contó que trabaja en terapia.
Bagnato fue claro al definir el presente como un tránsito complejo. “No estoy sanado, estoy en proceso”, señaló. Para él, salir del miedo no significa olvidar, sino aprender a vivir sin que el terror sea el eje de cada día. “Es la primera vez que intento pensar una vida sin estar escondiéndome”, concluyó.