La decisión de Petróleos Mexicanos de retirar de su calendario un envío de crudo con destino a Cuba marcó un punto de inflexión en una relación energética que se había consolidado en los últimos años. El movimiento, ejecutado sin un anuncio formal, ocurre en un contexto regional atravesado por sanciones, presiones diplomáticas y una creciente fragilidad económica en el Caribe. El gesto de Pemex no es aislado, sino parte de una secuencia de señales que reflejan un cambio de cálculo político en el gobierno mexicano.
Desde 2023, México se había convertido en uno de los principales proveedores de petróleo para la isla, en un escenario donde Venezuela redujo drásticamente su capacidad de asistencia. Ese rol otorgó a México un peso inesperado en la estabilidad energética cubana y, al mismo tiempo, lo colocó bajo la lupa de Washington. La suspensión del envío revela la incomodidad de sostener una política de cooperación energética en medio de una escalada de presiones externas.
El factor determinante detrás de la decisión parece ser el clima político en Estados Unidos. Legisladores republicanos y sectores influyentes han cuestionado abiertamente los envíos de crudo a Cuba, calificándolos como un respaldo indirecto al régimen de La Habana. En ese marco, comenzaron a circular advertencias sobre posibles represalias comerciales y revisiones de acuerdos bilaterales. Para México, el costo potencial de un conflicto con su principal socio comercial pesa cada vez más en la balanza.
A nivel interno, el gobierno mexicano enfrenta una disyuntiva compleja. Mantener los envíos implica defender una tradición diplomática de no intervención y cooperación, pero también asumir riesgos económicos y políticos en un momento de alta sensibilidad bilateral. La decisión de frenar un cargamento, sin romper públicamente con Cuba, sugiere una estrategia de ambigüedad calculada. No es una ruptura, pero tampoco una señal de continuidad plena.

Para Cuba, la suspensión del crudo mexicano llega en un momento crítico. La isla atraviesa una crisis energética prolongada, con apagones frecuentes y dificultades para sostener la producción industrial y el transporte. Cada cargamento cuenta, y la incertidumbre sobre futuros envíos profundiza la fragilidad del sistema. La dependencia de aliados externos vuelve a quedar expuesta como un talón de Aquiles estructural.
🔴 #ExclusivaMCCI En tan solo un mes, de mayo a junio de 2025, Pemex registró exportaciones de combustibles a Cuba por más de 850 millones de dólares, un monto similar a lo enviado a la Isla en los dos años previos -2023 y 2024- cuando sumaron 1,000 MDD.
— Mexicanos Contra la Corrupción (@MXvsCORRUPCION) August 16, 2025
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En el plano regional, el episodio confirma que la energía se ha convertido en una herramienta de presión geopolítica. México queda atrapado entre su vocación histórica de autonomía diplomática y la realidad de una relación asimétrica con Estados Unidos. La forma en que gestione este equilibrio marcará su credibilidad como actor regional. Más que un simple envío de petróleo, lo que está en juego es el margen de maniobra de la política exterior mexicana.