La decisión de María Fernanda Cabal de romper con el Centro Democrático no solo redefine su trayectoria personal, sino que introduce una variable de inestabilidad en el tablero opositor. En un escenario de alta polarización y con el oficialismo buscando rearticular su base, cualquier fragmentación en la derecha amplifica los costos políticos. La disputa ya no es solo discursiva: es matemática electoral.
En elecciones presidenciales con primera vuelta abierta, la dispersión de candidaturas suele ser letal. El antecedente colombiano muestra que los proyectos que no logran concentrar apoyos tempranos quedan relegados a acuerdos de último momento, muchas veces forzados. La salida de Cabal, con un electorado fiel pero limitado, vuelve a poner sobre la mesa ese riesgo estructural.
El capital político de Cabal está anclado en un votante ideológicamente definido, movilizado por una narrativa de confrontación frontal con la izquierda y con el progresismo cultural. Ese núcleo garantiza visibilidad y ruido, pero plantea interrogantes sobre su capacidad de expansión. En un país electoralmente fragmentado, el voto duro es condición necesaria, pero rara vez suficiente.
Para el resto de la derecha, el dilema es cómo dialogar con ese segmento sin quedar atrapado en él. La competencia no se juega únicamente en redes o en actos militantes, sino en territorios donde pesan la gestión, la seguridad y la economía cotidiana. Allí, los mensajes excesivamente identitarios pueden chocar con demandas más pragmáticas del electorado indeciso.
Soy una mujer de convicciones firmes y de una coherencia a prueba de todo. Respeto a quienes piensan distinto, pero no cedo ante principios.
— María Fernanda Cabal (@MariaFdaCabal) January 23, 2026
Que no se confundan, mi valor civil y mi firmeza para defender la libertad no son defectos, son virtudes que han guiado cada paso de mi… pic.twitter.com/u9IHZ9lafY
Con el calendario avanzando, cada movimiento adquiere peso estratégico. Si la derecha no logra ordenar su oferta antes de que se consoliden las campañas, el riesgo es repetir un escenario de múltiples candidaturas debilitadas, obligadas a negociar desde la fragilidad. La ruptura de Cabal acelera esa cuenta regresiva y obliga a definiciones anticipadas.

El interrogante central es si emergerá un liderazgo capaz de sintetizar firmeza ideológica con amplitud electoral. Sin esa síntesis, la oposición corre el riesgo de llegar a la contienda dividida entre convicciones puras y proyectos viables, dejando al electorado frente a una disyuntiva que favorece, por omisión, al oficialismo.