El presidente Javier Milei desembarcó este martes en el Parque Industrial de Mar del Plata con un objetivo que excede la agenda protocolar. Acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, el mandatario recorrió diversas plantas productivas en un momento de máxima tensión con la cúpula empresarial tradicional.
La visita se produce apenas horas después de que el jefe de Estado dinamitara los puentes con el hombre más poderoso de la industria pesada argentina: Paolo Rocca.

El detonante del conflicto fue la licitación para los caños del gasoducto que unirá Vaca Muerta con Río Negro. Por primera vez en décadas, una empresa extranjera, la india Welspun, logró desplazar a Techint en un rubro considerado estratégico.
La oferta final de la compañía asiática fue de USD 203 millones. Esta cifra representa un 25% menos que la última propuesta presentada por Tenaris, la filial de tubos de acero del grupo de Rocca.
Para Milei, la adjudicación a la empresa india es la prueba de que la "nueva Argentina" no está dispuesta a subsidiar ineficiencias mediante el esquema de preferencia local.

Durante su recorrida por el polo productivo marplatense, Milei no ahorró calificativos. El Presidente defendió la apertura de importaciones que caracteriza a su gobierno.
Horas antes, a través de las redes, vinculó las críticas a la licitación con intereses personales y llamó "Don Chatarrín de los tubitos caros" a Paolo Rocca.

En sintonía con el mandatario, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, lanzó un comunicado contundente. Para el funcionario, proteger a un proveedor local con precios altos es un golpe directo a la rentabilidad de los proyectos energéticos.
Según la visión de la Casa Rosada, "caños más caros implican menos inversiones, menos empleo y menos exportaciones" para todo el país. Por este motivo, el Gobierno decidió no aplicar medidas "antidumping" contra los tubos indios.
Desde el Grupo Techint, la respuesta no se hizo esperar. Paolo Rocca advirtió que la importación de tubos financiados con subsidios internacionales —en alusión a componentes chinos— amenaza la viabilidad de la industria nacional.
Para el empresario, la carga fiscal que soportan las fábricas argentinas vuelve imposible competir en igualdad de condiciones frente a potencias extranjeras. Según su postura, esta apertura indiscriminada arriesga inversiones y miles de puestos de trabajo calificados.

Lejos de la gran industria siderúrgica, Milei aprovechó su paso por Mar del Plata para invitar a los pequeños y medianos empresarios a "invertir y demostrar la superioridad moral del capitalismo".
La intención oficial es clara: el Gobierno busca consolidar un bloque de industriales que acepten las reglas de la libertad económica y la competencia global. Para la Casa Rosada, la etapa de los privilegios sectoriales ha llegado a su fin.
TM