El gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio, aterrizó en el corazón financiero del mundo con una misión crítica. Durante tres días, recorrerá Nueva York y Boston para sentarse frente a los "gigantes": los fondos de inversión más influyentes del planeta, como BlackRock, PIMCO y JP Morgan. El objetivo es claro: desactivar una "bomba" financiera que condiciona el futuro de su provincia.
El conflicto tiene su origen en una deuda de 500 millones de dólares contraída en 2017. Tras una reestructuración realizada durante la pandemia, los vencimientos más pesados quedaron concentrados "casualmente" entre 2023 y 2028. Esto significa que a la actual gestión le toca afrontar el pago de haberes y servicios básicos mientras lidia con una carga de capital e intereses que, según el mandatario, "ha sido muy difícil de cumplir".

Para evitar el colapso, Frigerio busca emitir un nuevo bono que le permita "reperfilar" los pagos. En términos simples, el gobernador quiere pedir dinero nuevo para cancelar la deuda vieja y patear los vencimientos hacia adelante. El objetivo es transformar una deuda asfixiante en un crédito sostenible que no frene el desarrollo productivo.
La ventana de oportunidad es ahora. Con el riesgo país perforando los 500 puntos básicos, Entre Ríos intenta subirse a la ola de provincias como Santa Fe y Córdoba, que ya lograron colocar deuda con éxito. "Estamos haciendo un esfuerzo muy importante para recuperar previsibilidad, ordenar nuestras finanzas y generar confianza", señaló el gobernador antes de entrar a su primera reunión técnica.
La mirada de la comitiva entrerriana también estuvo puesta en la Reserva Federal de EE.UU. (Fed). Si bien Frigerio esperaba que el costo del dinero bajara en el país norteamericano, la entidad monetaria definió mantener las tasas de interés sin cambios. La meta es demostrar que la provincia es previsible y que el ajuste fiscal realizado en el último año le permite mirar a los mercados internacionales sin el fantasma del default.
TM