El vuelo del Plus Ultra no fue solo una hazaña técnica sino un acontecimiento cuidadosamente leído por la opinión pública de ambos lados del Atlántico. En 1926, la aviación todavía ocupaba un lugar liminal entre el espectáculo y la ciencia, y cada récord funcionaba como una declaración de capacidades nacionales. España buscaba demostrar que aún podía producir gestas modernas, capaces de dialogar con el progreso tecnológico de las grandes potencias.
La llegada del hidroavión a Sudamérica estuvo acompañada por una puesta en escena espontánea pero políticamente aprovechada. Multitudes, recepciones oficiales y cobertura periodística convirtieron el aterrizaje en un evento social de alto impacto. El vuelo condensó una narrativa de superación, riesgo y modernidad, útil tanto para el orgullo nacional como para la proyección exterior del Estado español.
El raid fue concebido en un contexto donde la política exterior necesitaba símbolos. La dictadura de Primo de Rivera entendió que la aeronáutica podía cumplir una función similar a la de las exposiciones universales o las misiones científicas. El Plus Ultra operó como un mensaje diplomático condensado, capaz de reforzar vínculos con América Latina sin recurrir a discursos formales ni tratados.
La elección de la ruta y de las ciudades no fue casual. Río de Janeiro, Montevideo y Buenos Aires representaban nodos culturales y económicos del Atlántico Sur, y su inclusión en el itinerario permitió amplificar el impacto del viaje. Cada escala reforzó la idea de una comunidad iberoamericana conectada por la técnica, más que por la nostalgia imperial.

Un siglo después, la conmemoración del Plus Ultra obliga a separar la proeza de su uso simbólico. Desde el punto de vista técnico, el vuelo confirmó la viabilidad de travesías interoceánicas por etapas, en condiciones de riesgo extremo y con márgenes mínimos de error. Desde el plano político, mostró cómo la innovación puede ser instrumentalizada para construir legitimidad interna y reconocimiento externo.

La vigencia del relato reside en esa ambigüedad. El Plus Ultra sigue siendo recordado como una gesta pionera, pero también como un caso temprano de poder blando aplicado a la tecnología. Su centenario no solo celebra un vuelo, sino que reabre preguntas sobre la relación entre progreso, propaganda y memoria histórica en la construcción de los Estados modernos.