La relación entre la Casa Rosada y el hombre más fuerte de la industria argentina, Paolo Rocca, entró en una fase de guerra abierta. Este miércoles, el presidente Javier Milei subió la apuesta al validar una acusación de conspiración política. El mandatario compartió un posteo que afirmaba que el CEO de Techint "jugó all in" para que el Gobierno termine tras las elecciones legislativas de septiembre.
Con un seco y contundente "DATO", Milei selló su postura. No fue un hecho aislado: el Presidente ya había apodado al empresario como "Don Chatarrín de los Tubitos CAROS", una referencia mordaz a la reciente liberación de exportación de chatarra que golpea el costo operativo de la metalúrgica local.
La furia libertaria actual guarda un eco impactante con el pasado. El archivo nos traslada al 6 de septiembre de 2012, cuando el entonces viceministro de Economía, Axel Kicillof, se sentó en el piso de 678. En aquel momento, Paolo Rocca dijo que hacía dos años no había "inversión en serio".
Kicillof pronunció entonces una frase de "doble filo" que los medios titularon como una amenaza de fundir a Techint, aunque el trasfondo era una defensa técnica de la industria: "Hoy la chapa en Argentina está más cara que en el mundo. Eso podría uno decir que es un problema de competitividad, que lo que hay que hacer es bajar el precio de la chapa y fundir al señor Paolo Rocca, cosa que podría pasar si dejamos entrar la andanada de chapas del exterior que a precio de dumping están tratando de invadir estos mercados. A pesar de sus declaraciones, vamos a seguir apoyando la industria nacional y vamos a seguir apoyando este proceso de industrialización".
A pesar de esa advertencia técnica sobre la competitividad y el dumping, el funcionario aclaró de inmediato que el Gobierno seguiría "apoyando el proceso de industrialización". De todas formas, los principales medios titularon erróneamente que Kicillof había amenazado con fundir a Techint. Entonces, la idea de que un Estado que tiene el poder de fundir o salvar a un gigante quedó flotando en el aire de la política argentina durante más de una década.

Una semana después, Kicillof visitó la planta de Siderar para limar asperezas con Techint, y apenas diez meses después de su frase, participó de un acto junto al mismo Paolo Rocca.
Hoy, el conflicto tiene un trasfondo de dólares y caños. La adjudicación de una obra de 500 kilómetros en Vaca Muerta a la empresa india Welspun —un 40% más barata que la oferta de Techint— fue el punto de no retorno.
Milei no se quedó en los tuits. Durante la Derecha Fest en Mar del Plata, fue letal contra los empresarios que buscan "negocios turbios con el Estado" y advirtió que "esos deben desaparecer e ir a la quiebra". La historia parece repetirse: un Gobierno que acusa al "círculo rojo" de desestabilización mientras el principal industrial del país evalúa sus próximos pasos legales y políticos.