La corona de la emperatriz Eugenia de Montijo, una de las piezas más emblemáticas del patrimonio histórico de Francia, ya no luce como antes. Tras el robo ocurrido en la Galería de Apolo del Museo del Louvre, la joya fue recuperada, pero con daños visibles que obligaron a las autoridades a retirarla de la exhibición y someterla a un proceso de peritaje y restauración.
El episodio tuvo lugar en octubre de 2025, cuando delincuentes lograron acceder al sector donde se exhiben las Joyas de la Corona francesa. En medio de la huida, la corona fue manipulada de forma brusca y abandonada, lo que provocó alteraciones en su estructura. Aunque los elementos más valiosos se conservaron, los expertos confirmaron que la pieza ya no se encuentra completa ni en su estado original.
Los informes técnicos señalaron que la montura de oro sufrió daños y que se desprendieron pequeños diamantes y componentes decorativos. Parte de las águilas imperiales que caracterizan el diseño también resultaron afectadas, comprometiendo la integridad física de una joya considerada única por su valor histórico y simbólico.
Creada en 1855 para la Exposición Universal de París, la corona fue diseñada para Eugenia de Montijo, esposa del emperador Napoleón III. A diferencia de otras coronas europeas, se distingue por su ligereza visual y por la posibilidad de desmontar algunas de sus piedras, una característica habitual en las joyas del Segundo Imperio francés. Durante décadas, fue uno de los grandes atractivos de la Galería de Apolo.
Tras el robo, el Museo del Louvre activó protocolos especiales de conservación y reforzó la seguridad del sector. La corona permanece actualmente fuera del alcance del público, mientras especialistas evalúan cómo restaurarla sin alterar su autenticidad histórica. El objetivo es estabilizar la pieza y, en el futuro, devolverla a la exhibición en condiciones seguras.
El caso reabrió el debate en Francia sobre la protección del patrimonio cultural y la vulnerabilidad de obras históricas incluso en museos de máxima seguridad. Mientras continúa la investigación para dar con los responsables y los fragmentos desaparecidos, la corona de Eugenia de Montijo se convierte en un símbolo del impacto que estos ataques tienen sobre la memoria y la historia europea.