Lo que comenzó como una madrugada de descanso se transformó en una escena de guerra para los vecinos de la calle Brandsen al 800 (ver mapa), en San Fernando, tras la explosión e incendio de la fábrica de cosméticos Otowil. El estruendo, que según los testimonios se asemejó al impacto de un misil, provocó una onda expansiva que destrozó ventanas, derribó puertas y arrojó a personas de sus camas, dejando a varias familias en estado de shock y con sus viviendas inhabitables.
El relato de los afectados coincide en un punto crítico: el siniestro era, para ellos, una tragedia anunciada. Según expresaron ante los medios presentes, existían denuncias previas ante el municipio por fuertes olores y derrames de líquidos químicos en los desagües, cuestionando la habilitación de una planta de tales dimensiones en una zona residencial con tanques enterrados de una antigua instalación de combustibles. "Esto se podría haber evitado; la fábrica era un depósito de YPF antes y hay tanques enterrados. Acá no podía haber una fábrica de ese tamaño funcionando", añadió otro vecino de la zona.
El drama humano se refleja en historias como la de una joven pareja que, tras haber remodelado por completo su casa en agosto de 2025, lo perdió prácticamente todo en cuestión de segundos. Su madre relató que lograron autoevacuarse tras ver las llamas por la ventana instantes antes de la detonación principal, escapando entre escombros y vidrios rotos.
Otros residentes, como Juana y Miguel, describieron el fenómeno como un rayo que partió sus hogares, obligándolos a barrer restos de cristal mientras el cielo se cubría de chispas y humo tóxico. "Reventó que parecía que nos habían tirado un cohete, que un rayo nos había partido la casa. No se puede imaginar las chispas hasta arriba. Tembló todo y volaban los vidrios. Comenzamos a tirar agua y a barrer vidrios hacia afuera", narraron, aún estado de shock a C5N.

Con el correr de las horas la indignación creció entre los damnificados, quienes aseguran que, a pesar de la magnitud del desastre que afectó a seis ventanas de una misma propiedad y dejó casas sin cerramientos básicos, la asistencia oficial fue nula, dejándolos a merced de sus propios medios para resguardar sus pertenencias.
En medio de la remoción de escombros, el reclamo por la falta de medidas de seguridad dentro del predio industrial se volvió central. Los vecinos insistieron en que el establecimiento no contaba con los elementos básicos de prevención de incendios y que la "vista gorda" de las autoridades locales permitió que una actividad de alto riesgo operara sin los controles pertinentes. "Nos podría haber matado; la onda expansiva tiró a mi hija arriba de la cama y quedó cubierta de vidrios", relató una vecina entre lágrimas.