El rey Federico visitará Groenlandia entre el 18 y el 20 de febrero, en un gesto de fuerte carga política y simbólica en medio de la renovada tensión internacional por el futuro de la isla ártica. La visita se produce mientras Dinamarca busca reafirmar su soberanía frente a las reiteradas declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre un eventual control estadounidense del territorio.
Groenlandia es la isla más grande del mundo y cuenta con un estatus de autonomía dentro del Reino de Dinamarca desde 1979, ampliado en 2009 con mayores competencias internas. Sin embargo, la política exterior y la defensa continúan bajo control danés. Su ubicación estratégica en el Ártico y la presencia de recursos naturales clave la convirtieron en un punto de interés creciente para las grandes potencias, especialmente en el contexto del cambio climático y la competencia geopolítica global.

Trump sostuvo en reiteradas ocasiones que Estados Unidos necesita Groenlandia por razones de seguridad nacional. Aunque recientemente moderó su discurso, descartó el uso de la fuerza y retiró amenazas comerciales, Washington abrió negociaciones diplomáticas para ampliar su acceso estratégico a la isla. Estados Unidos ya mantiene presencia militar en territorio groenlandés, en el marco de acuerdos vigentes con Dinamarca.
En este contexto, el rey Federico explicó que su visita busca acompañar a la población local en un momento de inquietud. Señaló que percibe preocupación entre los groenlandeses y que considera importante estar presente para transmitir apoyo institucional. No se trata solo de un viaje protocolar, sino de una señal directa de respaldo político y humano desde la corona danesa.
El primer ministro groenlandés, Jens Frederik Nielsen, fue categórico al afirmar que, si la población tuviera que elegir entre Estados Unidos y Dinamarca, optaría por mantener su vínculo con el reino danés. Esa postura fue reforzada por el propio gobierno autónomo, que lanzó una encuesta sobre la salud mental de la población ante el impacto emocional generado por la presión internacional y las declaraciones externas sobre el control del territorio.
Desde Nuuk, capital de Groenlandia, las autoridades advirtieron que el debate sobre la soberanía no es abstracto. Las referencias públicas a una eventual anexión generaron incertidumbre, temor y un clima de tensión social, en una comunidad de poco más de 56.000 habitantes que históricamente ha defendido su identidad inuit y su derecho a decidir su futuro.
La visita del monarca, que ya estuvo en la isla en abril de 2025, se inscribe así en una estrategia más amplia de Dinamarca para reafirmar su rol en el Ártico, sostener la estabilidad regional y enviar un mensaje claro a la comunidad internacional: Groenlandia no es un territorio en disputa, sino una parte integral del reino, con autonomía, identidad propia y respaldo político.