El calendario del Partido Justicialista marca, de acá a abril, una seguidilla de fechas clave que dicen más del estado del peronismo que muchas declaraciones grandilocuentes. Desde que la jueza María Servini rechazó el pedido de Ricardo Quintela para postergar las internas y dejó como única lista válida la encabezada por Cristina Fernández de Kirchner, la conducción nacional quedó sellada sin competencia: “Primero la Patria” fue proclamada sin que las afiliadas y los afiliados pasaran por las urnas. El 17 de noviembre de 2024, la expresidenta asumió la jefatura del PJ nacional con una lista única y un aparato alineado detrás de esa decisión.
Desde entonces, la discusión dejó de girar alrededor de quién ocupa la presidencia formal y se desplazó a los distritos intervenidos y a la poderosa provincia de Buenos Aires. Ahí es donde “todavía hay tiempo para internas” se vuelve un dato concreto: hay fechas, hay padrones en movimiento y hay dirigentes que ya trabajan para armar listas alternativas.
El caso más avanzado es Misiones. Tras la intervención dispuesta por el PJ nacional, los normalizadores Gustavo Arrieta y Máximo Rodríguez convocaron a elecciones internas para el 19 de abril de 2026. El cronograma fija el 19 de marzo como fecha límite para la presentación de listas y cerró el padrón el 19 de diciembre pasado. Después de décadas sin comicios partidarios, el distrito se prepara para elegir Consejo Político Provincial, Congreso Provincial y consejos municipales bajo la promesa de devolver “vida orgánica plena” al peronismo misionero. En ese marco, los dirigentes desplazados, como el diputado Alberto Arrúa, anticiparon que habrá una boleta del “peronismo no K” dentro del Frente Renovador provincial, enfrentada a un armado kirchnerista que referencian en La Cámpora y Cristina Brítez.
En Salta la película está un paso más atrás, pero con la misma trama. La intervención, a cargo de Sergio Berni y María Luz Alonso, se dictó en febrero de 2025 como respuesta al acompañamiento de legisladores locales a leyes de Milei, entre ellas la Ley Bases y el RIGI. No hay fecha fijada para votar, aunque en el propio peronismo salteño se menciona el 30 de mayo como punto final formal de la intervención y se empuja la idea de una interna partidaria alrededor de ese momento. Del lado de los desplazados se habla ya de dos corrientes: una orbitando alrededor de Juan Manuel Urtubey y otra, la “liga justicialista del interior”, que impulsa a Patricia Hucena como posible conductora del partido. En ambas coincide un objetivo: depurar el padrón y sentar a la mesa a gobernadores y referentes del peronismo federal, con Axel Kicillof y Ricardo Quintela como interlocutores preferentes.
Jujuy completa el mapa de distritos bajo control directo de la conducción nacional. Se trata de una intervención de larga data, hoy a cargo de Gustavo Menéndez y Aníbal Fernández, que lleva años sin una normalización plena. En la provincia ya se menciona la posibilidad de internas “después del Carnaval”, con la mira puesta en recomponer un esquema partidario que terminó fragmentado en varias siglas y con Fuerza Patria relegada al tercer lugar en las últimas elecciones nacionales.
Mientras esos distritos discuten cómo volver a votar, la mayor tensión se concentra en la provincia de Buenos Aires. El PJ bonaerense tiene fecha: el 15 de marzo se renuevan autoridades y el 8 de febrero vence el plazo para la presentación de listas. Máximo Kirchner, actual presidente, dejó trascender que estaría dispuesto a un esquema de unidad si el candidato de consenso fuera Axel Kicillof; el Movimiento Derecho al Futuro promueve a Verónica Magario como posible carta de recambio y, en paralelo, apareció una tercera figura que decide patear el tablero: Mariel Fernández, intendenta de Moreno, dirigente del Movimiento Evita y vicepresidenta tanto del PJ bonaerense como del PJ nacional.
Fernández empezó a caminar la provincia con la idea de una lista propia, por fuera de la tutela de La Cámpora y también del esquema de Kicillof. Armó una mesa política, juntó avales iniciales y abrió conversaciones con intendentes que se ubican en la vereda crítica del camporismo, como Fernando Gray, que en su momento intentó sin éxito competir contra Máximo por la conducción partidaria. El tablero bonaerense, de acá a marzo, se ordena alrededor de esas tres coordenadas: La Cámpora, el espacio del gobernador y un intento de tercera vía que busca capitalizar el malestar acumulado por la distribución de lugares en las listas de 2025.
La novedad de las últimas semanas es que los apartados de Misiones y Salta, además de armar boletas provinciales, empezaron a tejer puentes con ese universo no alineado con Cristina. Hablan de “peronismo no K”, piden apoyo de Kicillof, Quintela, Jalil, Sáenz y Jaldo, y proyectan una red federal de dirigentes que sueñan con disputar el PJ por arriba y por abajo al esquema que hoy encabeza la expresidenta.
Ahí aparece la otra lectura posible del “todavía hay tiempo para internas”. En los papeles, el partido está conducido por una lista única que llegó a la presidencia sin competencia. En el territorio, las mismas normas que permitieron proclamaciones automáticas abren ahora la puerta a internas controladas en distritos intervenidos y a una elección que, en Buenos Aires, puede derivar en lista de unidad de último minuto o en una primaria con varias boletas peronistas enfrentadas. El margen para discutir el sello existe, con fechas precisas y padrones que se cierran; el interrogante es si esa discusión quedará encapsulada en la pelea entre Cristina, los gobernadores y los distintos submundos del peronismo bonaerense, o si logrará algo más que reacomodar nombres en la puerta de los mismos edificios de siempre.