Bolivia atraviesa una etapa de redefinición económica marcada por urgencias internas y presiones externas acumuladas durante años. La llegada de José Gabriel Espinoza al Ministerio de Economía se produjo en un contexto de escasez de divisas, inflación persistente y distorsiones de precios que habían erosionado la vida cotidiana y la credibilidad del Estado. Más allá de las cifras, el desafío central era político: recuperar capacidad de gestión sin romper el delicado equilibrio social.
Desde el inicio de su gestión, el nuevo equipo económico buscó instalar un mensaje claro: no habría dogmas, sino decisiones orientadas a resultados. La narrativa oficial enfatiza la necesidad de normalizar mercados básicos para devolver previsibilidad a hogares y empresas. En ese marco, el Gobierno intentó diferenciarse tanto del intervencionismo rígido como de los programas de ajuste abrupto, apelando a un discurso de transición ordenada.
El eje central del programa impulsado por Espinoza ha sido el reordenamiento macroeconómico, con especial foco en el mercado cambiario y en los subsidios energéticos. La corrección de distorsiones acumuladas buscó reducir incentivos al contrabando y aliviar la presión sobre las reservas, al tiempo que se enviaban señales de previsibilidad al sector privado. Para el Ejecutivo, estabilizar precios relativos era condición previa para cualquier estrategia de crecimiento.
Este proceso implicó costos políticos y sociales que el Gobierno reconoce, pero considera inevitables. La apuesta oficial sostiene que un marco macroeconómico más claro permitirá reactivar la inversión y recomponer el empleo en el mediano plazo. La reducción del gasto público y la revisión de estructuras estatales se presentan como parte de un esfuerzo mayor por reconstruir la sostenibilidad fiscal sin desmantelar programas sociales clave.
Durante su intervención en el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe 2026, organizado por la CAF, el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza Yáñez, presentó y destacó los resultados de los primeros meses de gestión gubernamental. pic.twitter.com/B6lIitNacF
— Min. Economía (@EconomiaBo) January 29, 2026
En política exterior económica, el discurso del ministro apunta a una inserción flexible y sin alineamientos automáticos. La consigna de “hacer negocios con todos” busca atraer capitales y abrir mercados en un escenario internacional fragmentado. Para La Paz, diversificar socios comerciales y financieros es visto como una forma de reducir vulnerabilidades y ampliar márgenes de maniobra, especialmente para un país sin salida al mar.
Al cierre del primer día del Foro de la @AgendaCAF, vivimos una jornada muy importante para el país con el Bolivia Day, un espacio donde presentamos nuestra visión económica, nuestros objetivos y el rumbo que estamos construyendo.
— José Gabriel Espinoza Y. (@g_espinoza) January 29, 2026
Hoy Bolivia llegó con una delegación de más de… pic.twitter.com/9zZ0dEcvPY
El interrogante central es si este pragmatismo logrará traducirse en resultados duraderos. La estabilidad macro es una condición necesaria, pero no suficiente, para enfrentar problemas estructurales como la informalidad, la dependencia de materias primas y la desigualdad territorial. El éxito del giro económico dependerá de que el ajuste se combine con una estrategia de desarrollo creíble, capaz de sostener el consenso social y político en el tiempo.